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Moscú intensifica la vigilancia digital: 300.000 cámaras y reconocimiento facial al alcance de todos

La expansión de la red de cámaras y la IA rusa intensifica el control sobre la población y los disidentes.

La capital rusa amplió su red de control con cerca de 300.000 cámaras de circuito cerrado vinculadas a bases biométricas que permiten, entre otras cosas, pagar el subte con la cara o recibir paquetes mediante robots. La medida se anuncia como una forma de agilizar los servicios públicos, pero la arquitectura también brinda al Kremlin la capacidad de rastrear a opositores y a quienes reciben citaciones militares.

El engranaje de datos que alimenta la red

Las cámaras instaladas en calles, estaciones de tren y aeropuertos envían la imagen a un centro de procesamiento que la cruza con bases de datos de huellas faciales y documentos de identidad. El registro en la plataforma se presenta como voluntario, pero la práctica muestra que quien no se inscribe pierde acceso a servicios digitales básicos, desde el pago del metro hasta la solicitud de licencias.

Historias que ponen en jaque la tecnología

En abril, un músico de rock fue detenido en la terminal de San Petersburgo porque una cámara lo confundió con una figura pública ucraniana buscada por el Estado. Los agentes le arrancaron el cabello para descartar una peluca, verificaron su rostro y, al confirmar su identidad, lo dejaron ir. Otro caso es el de Vlad, un fotógrafo de 28 años que recibió una citación para un examen médico obligatorio a través de la app Servicios Estatales; la notificación le prohibió salir del país hasta cumplir la orden y el joven dejó de usar el metro por miedo a ser rastreado.

Choques entre digitalización y seguridad tradicional

El Ministerio de Desarrollo Digital, que lleva la batuta de la expansión tecnológica, se topa a menudo con el Servicio Federal de Seguridad (FSB), que prefiere métodos de control más clásicos. La fricción quedó patente en marzo, cuando se suspendió el internet móvil en gran parte del centro de Moscú durante más de dos semanas, paralizando varios servicios y generando dudas sobre la estabilidad del sistema.

Inteligencia artificial como bandera de soberanía

Vladimir Putin ha subrayado la necesidad de desarrollar IA sin depender de Occidente, argumentando que la soberanía rusa pasa por su desempeño en plataformas digitales y sistemas autónomos. Las sanciones y la fuga de talento técnico desde 2022 obligaron a Rusia a basar sus principales modelos de IA en arquitecturas abiertas de China, lo que plantea interrogantes sobre la verdadera autonomía tecnológica del país.

Impacto social y proyecciones a futuro

Para julio, unos diez millones de rusos ya utilizaban aplicaciones impulsadas por datos biométricos, y el Kremlin planea extender el modelo a autobuses, tranvías y más estaciones ferroviarias. La combinación de pagos sin efectivo, reconocimiento facial y citaciones electrónicas crea un entorno donde cada paso del ciudadano puede ser rastreado, generando temor y, al mismo tiempo, una dependencia creciente de la infraestructura estatal.

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