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“La pelota siguió girando, pero quedó una familia destrozada”: cuatro años de dolor y reclamo de justicia por la muerte de ‘Lolo’ Regueiro

Este martes 6 de octubre se cumplen cuatro años del fallecimiento de ‘Lolo’ Regueiro, hincha de Gimnasia que perdió la vida tras una feroz represión tras la suspensión de un partido ante Boca. En ese marco, su hijo Sergio rompió el silencio con Doble Amarilla y habló del hecho que lo marcó para siempre.

La entrevista reconstruye, a través de su testimonio, las horas que rodearon la muerte de su padre, desde el momento en que el partido ante Boca se transformó en una situación de caos hasta su llegada al hospital y los primeros días posteriores. Mirando a la distancia, repasa también las heridas, los elementos que la familia incorporó a la causa y las dudas que todavía persisten sobre lo ocurrido aquella noche.

Además, Sergio cuenta cómo fue el vínculo con Gimnasia y sus dirigentes después de la muerte de ‘Lolo’, qué respuestas encontró en el camino y cómo siguió de cerca una causa que todavía no tiene fecha de juicio. En ese recorrido, también relata su experiencia con un exfuncionario de APrevide que luego representó a la familia como abogado y a quien, según confesó, denunciarán por su actuación profesional.

SERGIO, HIJO DE ‘LOLO’ REGUEIRO, ROMPE EL SILENCIO CON DOBLE AMARILLA: “LA PELOTA SIGUIÓ GIRANDO, PERO QUEDÓ UNA FAMILIA DESTROZADA”

Doble Amarilla: Para empezar, ¿qué recordás de aquella noche?

Sergio: Tengo una imagen muy patente de esa noche. Me acuerdo de todo: cómo fui a la cancha, el ambiente de fiesta que había y cómo, de un momento para otro, todo se convirtió en un Cromañón a cielo abierto. Yo estaba en la tribuna Centenario, a la izquierda de donde estaba la hinchada. Mi papá estaba del otro lado, a la derecha, con mis dos sobrinos y con mi hermana menor, que es policía.

DA: ¿Y en algún momento de la noche lo viste?

SR: No, porque fue todo muy rápido.

DA: Entonces, ¿cuándo fue la última vez que lo viste con vida?

SR: Había sido como dos días antes. Fue un martes. Creo que la última vez que lo vi había un partido de fútbol en la televisión y me dijo: “Mirá que voy a ir a la cancha”, porque él no estaba yendo porque no quería mufar, por una cuestión de cábala. Gimnasia venía de unos doce partidos seguidos sin perder y me dijo: “Ahora, con Boca, voy”. Y después agregó: “Chau, ya perdió, voy a ir a verlo”.

DA: ¿Y cómo te enterás de lo que pasó?

SR: Fue en un segundo. Estábamos viendo el partido y no entendíamos nada. Miro hacia toda la platea H y veo que la gente corría. Lo primero que digo es: “Se está prendiendo fuego algo”, porque se veía como un humo blanco y la gente corría hacia arriba de la tribuna. Después empezó a venir una picazón y cada vez era más fuerte. Intenté bajar de la tribuna, pero era tanto lo que sonaba la escopeta y todo el quilombo que se escuchaba que me dio miedo. Ahí me acordé de mi papá y de mi hermana. Fui a buscarlos de un lateral al otro, pero no los encontré. Mientras veía gente en el suelo, ayudaba para que pudieran escapar. Después nos metimos en la cancha.

DA: Y vos seguías sin encontrarlos.

SR: Claro. Cuando entré a la cancha, como que me agarró señal, porque se nota que los teléfonos estaban colapsados. Me llegó un mensaje de mi señora diciendo que le había pasado algo a mi papá y que se había perdido un sobrino. Después recibí un mensaje de mi hermana, llorando, que decía: “Papi se murió”. Me acuerdo de que le mandé un mensaje preguntándole: “¿Cómo se murió?”. Hablando mal, le dije: “Explicate, tarada, debe estar descompuesto. ¿Cómo se murió?”. No entendía nada.

DA: ¿Y cómo siguió la noche?

SR: Decidí irme. Me fui enojado porque veía que la hinchada, la barra brava, estaba quieta ahí y eso me pareció raro, rarísimo. Pensaba: “¿Qué está pasando acá?”. Hoy pienso que quizás hubiese sido peor si la hinchada se metía, pero en ese momento no entendía por qué estaban tirando tanto. Entonces decidí salir, agarré mi auto y fui al hospital, donde me dijeron que estaba mi papá.

DA: ¿Llegó con vida al hospital?

SR: No. Dicen muchas versiones, pero él ya había fallecido en el Bosque. El acta dice que entró al hospital, porque ahí hay como un dilema: el hospital recibe personas vivas. Hubo una discusión entre el médico de la ambulancia y la médica de guardia, que no lo quería recibir. El médico de la ambulancia declaró que, cuando lo vio, ya estaba fallecido y que, debido al caos que había en el Bosque y a que la gente le pedía que lo llevara, terminó cargándolo en la ambulancia. Era gente que le decía: “Llevalo, llevalo”. ¿Cómo iba a dejarlo tirado?

DA: Notaron muchas irregularidades.

SR: Hay muchas cosas que no se aclararon. Por ejemplo, mi papá tenía una herida en la cabeza que nunca se asentó. Tenía como un chichón y un agujerito. Además, la camiseta que tenía puesta estaba llena de sangre. Con el transcurso de la causa se peritó y salió que era ADN suyo en un 99,9 por ciento. Entonces, lo que nos llama la atención es por qué nunca se asentó esa herida. No sé qué fue lo que pasó, pero evidentemente fue algo que ocurrió durante todo ese episodio y que nunca quedó debidamente registrado.

DA: ¿A él lo golpeó la Policía?

SR: Nosotros descartamos que le hayan dado un palazo, pero existe la posibilidad de que le hayan dado con una bala de goma o algo similar, porque había una formación de policías al costado. Ellos formaban y a lo que salía le tiraban. Puede existir la posibilidad de que eso le haya hecho aflojar las piernas a mi papá. Yo digo que quizá no lo mató, pero pudo haber sido lo que hizo que se cayera y no pudiera levantarse. Y ahí tiraron otro gas, que ese ya no lo aguantó.

DA: ¿Y cómo fueron las horas posteriores?

SR: Primero dijeron que mi papá murió por un “paro cardíaco no traumático”. En la clínica había mucha gente que lo quería de verdad. Después, en mi casa, teníamos muchos políticos, todos metidos adentro. Yo pensaba que me iban a ayudar. Hoy, con el tiempo, nos damos cuenta de que eran todos águilas.

DA: Y mientras tanto empezaban a investigar.

SR: Teníamos gente de Berni metida en mi casa. Sabíamos que se hacían pasar como asistencia a la víctima, pero nosotros sentíamos que era para vigilarnos. Mientras tanto, el fiscal de la causa pone que fue una muerte por “estrago doloso agravado”. A nosotros, como particulares damnificados, tardaron 25 días en aceptarnos. Durante ese tiempo hicieron y deshicieron lo que quisieron. Por eso, apenas nos aceptaron, llevamos la camiseta que después demostramos que era la que tenía mi papá.

DA: ¿Cómo la encontraron?

SR: En el hospital nos entregaron sus pertenencias en una bolsa de residuos patológicos. Después de la autopsia, algo muy fuerte porque yo vi a mi papá desnudo en un cajón, lo velamos. Ahí mi tío me dijo que quería una camiseta de su hermano y le dije que le iba a regalar la última que había usado. Mi cuñada escuchó eso y me avisó que ellos tenían en el auto esa bolsa con sus cosas. Empezó a sacar todo y ahí vimos la camiseta llena de sangre. Fue como un baldazo de agua fría para todos.

DA: ¿Qué te pasó en ese momento?

SR: Lo que pasa es que siempre quisieron buscarle la culpa a mi papá porque decían que tenía problemas de salud, y es mentira. Estuvieron averiguando los servicios que prestaba IOMA, la obra social bonaerense. Se sorprendieron cuando el análisis de sangre dio que no tenía alcohol ni drogas. ¿Y cómo va a tener drogas? Si Lolo era un hombre de bien, un hombre de familia. Fue a un partido de fútbol y no regresó nunca más.

DA: ¿De quién creés que fue la culpa de lo que pasó?

SR: De todos. Aprevide, porque falló en la prevención y la organización. Cerraron las puertas media hora antes y ahí empezaron los problemas alrededor del estadio y la represión, con los gases. Si hubieran hecho el trabajo como lo hacen hoy, esto pasaba a 200 metros de la entrada y los que estábamos mirando el partido normalmente ni nos enterábamos. El club también, porque no tenía el estadio en condiciones. La dirigencia, en realidad, porque hasta último momento vendieron entradas y denunciaron al presidente Gabriel Pellegrino por sobreventa. Y la Policía, porque no entiendo por qué reprimió de semejante manera. Era un ambiente familiar y, gracias a Dios, ese día no fui con mi hija. Fallaron todos y nadie se hace cargo. Eso lo tengo claro: nadie se hace cargo de lo que pasó.

DA: ¿Algún dirigente te llamó?

SR: Alguien que conocía a mi papá me llamó para decirme que Pellegrino, que era el presidente, quería juntarse conmigo. Me reuní una vez con él porque yo quería saber qué había pasado con mi papá. Nos juntamos en la casa de mi tío. Él ya sabía que ese día me había reunido con Berni. Inconscientemente, yo no sabía que me iba a tomar el pelo y le conté todo lo que había hablado con Berni. Él temblaba, temblaba de miedo, porque yo le dije: “Te están apuntando a vos”. Y también le aclaré: “No tengo nada en contra del club. Si vos hiciste o sobrevendiste, vas a tener que dar explicaciones. Lo único que quiero es saber qué pasó con mi papá”. Le pedí las cámaras del estadio. Me boludeó unos días y después me entregó los videos editados.

DA: ¿Y nada más?

SR: Después se borraron. Lamentablemente, yo dejé de ir a la cancha. Justo pasa lo de mi papá y, a los días, Pellegrino deja el cargo y asume Mariano Cowen. Él, sin conocerme, fue al velorio de mi papá. Recuerdo que una vez le pedimos autorización a Pellegrino para ir al estadio y fue como que no le quedó otra. Al año siguiente, cuando se cumplió un año, quisimos hablar con Cowen. Me dijo que tenía que pedir autorización a la AFA. En realidad, no quiso. Me dijo: “Si querés, te autorizo a estar en los jardines del estadio”. Y yo pensé: “¿Desde cuándo tengo que pedir permiso para estar en los jardines del estadio?”. Así que nunca más. Los únicos que nos dan una mano son los medios y las páginas extraoficiales, o la Subcomisión de Derechos Humanos. Yo pienso que, mientras menos se vea a Lolo, para ellos, la dirigencia, mejor.

DA: ¿Y con esta dirigencia?

SR: Por ahora, nada. Nosotros queremos ir a la cancha este viernes. Se cumplen cuatro años y queríamos entrar nuevamente para que la gente lo vea.

DA: Es imposible no preguntarte si perdiste el amor por el fútbol.

SR: Entendí que somos un número. Desde aquel día habré ido, sin mentirte, tres o cuatro veces a la cancha. La pelota siguió girando, pero quedó una familia destrozada, pidiendo respuestas donde no las hay.

DA: ¿Pensás que, hablando ahora, el club pueda reaccionar?

SR: No sé. Nosotros quedamos solos. En la última marcha éramos 20 personas y esa noche en la cancha había 25.000.

DA: ¿Creés en la Justicia?

SR: Sinceramente, me aferré a Dios. En el peor momento de mi vida pasaron meses en los que quería hacer mucho daño. Despertaron algo en mí que yo no conocía, quería el ojo por ojo. Éramos una familia muy unida, de compartir, de ir a pescar los domingos. Mi papá era muy familiero. Tengo un hermano que se murió hace meses pidiendo justicia. Por eso me aferré a Dios, porque no podía más. Mis hijas me estaban perdiendo. Somos hormiguitas peleando contra gigantes. Te das cuenta cuando sobreseyeron a Eduardo Aparicio, ex titular de Aprevide, y al jefe de la Departamental, Sebastián Pereyra, le dieron un ascenso. Es decir, estando imputado en la causa por la muerte de mi papá, recibe un premio y se retiró con la máxima jerarquía. Yo no creo en la Justicia, pero sí creo en Dios. Creo que, si no se arrepienten de lo que hicieron, se van a ir para allá abajo.

DA: ¿Y cada cuánto les preguntás a los abogados por la causa?

SR: Al principio la miraba todos los días, literalmente todos los días. Hoy me cansé un poco. Pasaron cuatro años, no hay fecha de juicio y llega un momento en que psicológicamente también te destruye. Pero sigo atento. Mi mamá está mucho más encima de todo. Ella es una guerrera. Cuando aparece algo importante, volvemos a mirar, a preguntar y a tratar de entender qué significa.

DA: ¿Cómo fue la relación con los abogados durante estos cuatro años?

SR: Cambiamos varios abogados porque muchas veces sentimos que no estábamos bien asesorados. El último fue Juan Manuel Lugones, que había sido titular de Aprevide durante la gestión de María Eugenia Vidal. Él vino a mi casa y nos explicó muchas cosas que nosotros no sabíamos. También nos dijo que quería “limpiar su imagen” después de una denuncia por acoso. Pero hubo momentos en los que sentimos que no teníamos las respuestas que necesitábamos. Cuando ocurrió el sobreseimiento de Aparicio, él estaba de viaje en España y no respondía nuestros mensajes. De hecho, ahora lo vamos a denunciar porque entendemos que no ejerció su trabajo como abogado. Sentimos que, en determinados momentos importantes, no tuvimos el acompañamiento que necesitábamos. No sabemos si los “compran” o qué, pero nos dejaron tirados muchas veces.

DA: Eso y otras cosas es lo que quieren mostrar ante todos.

SR: Este martes 6 de octubre, cuando se cumplen cuatro años, nos vamos a concentrar pacíficamente en Casación. Vamos a estar ahí con la familia. Acá no hay banderas políticas ni importa de qué club sea cada uno, porque así como le pasó a mi papá, le podría haber pasado a cualquiera. Queremos que nos escuchen, que puedan hacer pasar a mi mamá, que va a estar con el abogado, para pedir que no quede firme el sobreseimiento de Aparicio y que vaya a juicio oral como los demás imputados. Seguimos exigiendo justicia.

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