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Fue campeón del mundo con Argentina y murió en un accidente de caza

José Luis Cuciuffo pasó de ser un nombre silencioso en la nómina de Carlos Salvador Bilardo a transformarse en un pilar inamovible de la Selección Argentina que conquistó el Mundial de México 1986. Formado en Chaco For Ever y con paso por Talleres, fue en Vélez —donde alcanzó el subcampeonato del Nacional 1985— donde ratificó la garra, el despliegue y la solidez defensiva que le abrieron las puertas de la “Albiceleste”.

En tierras mexicanas, su impacto fue inmediato tras no disputar el estreno ante Corea del Sur. Ingresó en el segundo choque frente a Italia y se adueñó del puesto para siempre. Arrancó como lateral derecho —dando la asistencia a Jorge Valdano contra Bulgaria— y en octavos firmó una actuación magistral anulando a Enzo Francescoli.

Con el cambio de sistema de Bilardo a línea de tres, se afianzó como stopper junto a Oscar Ruggeri ante Inglaterra, Bélgica y en la consagración final (3-2) sobre Alemania en el Estadio Azteca. En total disputó 21 partidos con la camiseta nacional hasta la Copa América 1989.

Posteriormente brilló en Boca entre 1987 y 1990 —alzando la Supercopa 1989—, emigró a Nimes para compartir plantel con Eric Cantona y culminó su trayectoria en Belgrano. Tras colgar los botines continuó ligado al fútbol como ayudante de campo y formador de juveniles, dirigiendo a Sportivo 24 de Septiembre en 2004.

LA TRÁGICA MUERTE DE JOSÉ LUIS CUCIUFFO

El trágico fallecimiento de Cuciuffo en diciembre de 2004 sacudió los cimientos del deporte argentino. El ex defensor perdió la vida a los 43 años en un dramático accidente ocurrido en la zona de Bahía San Blas, al sur de la provincia de Buenos Aires, mientras compartía una jornada de caza con un amigo. Un disparo accidental de un arma de fuego lo hirió de gravedad y, pese al desesperado intento de trasladarlo de urgencia hacia el hospital de Carmen de Patagones, falleció durante el trayecto.

Para mantener vivo su legado, en 2016 la ciudad de Córdoba lo honró con la instalación de un busto conmemorativo en el barrio San Martín, un emotivo monumento destinado a recordar eternamente al aguerrido defensor que inmortalizó su nombre en la historia grande de la Selección Argentina.

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