Un camino de sal graba las huellas de los visitantes sobre un inmenso paisaje donde aparecen dibujadas las obsesiones del artista marplatense; con un homenaje a la directora Koyo Kouoh, abrió la muestra “In Minor Keys”
VENECIA.– Llueve finito como manda la tradición cuando comienza la recorrida por los pabellones de la biennale en la previa para la prensa acreditada. Curadores, críticos y todos los actores que conforman la cada vez más gigantesca rueda del arte caminan a paso rápido para ser los primeros en ver; en dar el tono de la opinión de esta sinfonía rara titulada In minor keys, que sigue el libreto de bajo impacto que legó la directora africana Koyo Kouoh, fallecida hace exactamente un año, a los curadores asociados en un impecable montaje. Al mediodía, antes de ingresar en el padiglione central, hubo un minuto de silencio; palabras de los amigos, lágrimas y el recuerdos de la creadora que se fue demasiado pronto, a los 58 años, poco después de ser elegida directora de la 61° edición de la Bienal de Venecia.
El tono de la mostra es poético, sereno, con mucha urdimbre africana. Impacta que el primer encuentro sea con la obra de Sarah Flores, una peruana amazónica de muchos años, que ha construido con sus manos y con la tierra de su patria una rueda de animales en barro cocido. Una vez más el centro mira a la periferia y se enriquece con obras ajenas a toda sofisticación, puras, auténticas, resultado de una tradición remota y cercana al mismo tiempo. Flores está contenta, confiesa que la ayuda su hija y que este suceso global le ha generado ganancias nunca imaginadas. A su lado está su agente, manager o marchand, que vive en Nueva York y comercializa la obra de la peruana. Sacudón territorial, no estamos tan lejos.
Esta bienal distinta cumple la intención de Koyo Kouoh, hay una batalla desatada entre la política y el arte. ¿Por qué? Adentro, con luz tenue, el ambiente es sereno, las obras son silenciosas, líricas. Hay cambios en la estética del padiglione y también en los arsenales y –lo más increíble– se han montado una cantidad importante de lugares para sentarse a pensar, a descansar y a digerir este universo de imágenes.
El pabellón de Rusia, en cambio, es un tremendo y ruidoso espacio dancing mood con DJ’s que no le temen al volumen y muy poca gente visitando. El de Israel oficial, en los Giardini (justo al lado de Estados Unidos), está cerrado por obras. Hay un nuevo espacio cedido en los Arsenales para cumplir el deseo del presidente Butaffuoco de la Fundación Biennale.
Pero vamos a lo nuestro. Un respiro para entender el giro copernicano que ha dado Matías Duville al crear un nuevo pabellón dentro del pabellón. Otro acceso, paredes de ladrillo cubiertas, el Monitor yin yang que abre el juego para descubrir una paisaje fascinante. Primer visitante Hans Ulbrist Olbrich, curador número uno del mundo, director de la Serpentine de Londres. Coincide con Glenn Lowry, director hasta septiembre del MoMA y con una pequeña troupe de coleccionistas del artista.
El marplatense ha dado su do de pecho, la obra más importante de su vida. Caminamos por un camino de sal, generoso, expansivo, como si fuera arena que graba nuestras huellas, en los costados y en el corazón de este inmenso paisaje, los dibujos con carbón que remiten al primer Duville, sus temas sus obsesiones, sus deseos. La Patagonia, la inmensidad y el horizonte en el recuerdo de los viajes que hacía de chico con su padre. Monitor es el primer encuentro, muy tech, antes de abrir la puerta para ir a jugar: Yin Yang donde escribe la historia, con una maestría que emociona. ¿Una playa de sal? Algo tan afín al marplatense que ha llegado a Venecia para hacer la obra más importante de su vida.
Tema aparte, pero que cierra el “tono”, es la música compuesta con su hermano en variaciones ligadas al devenir climático. Está la mirada, el trabajo y la inspiración de Josefina Barcia, curadora enhebrada al mundo de la música por entrega y amor. No más para decir… por ahora.
El jueves 7, a las a las 17, será la inauguración oficial. Sí decir, nobleza obliga, que el libro que acompaña este paisaje blanco y negro, YinYang, donde dejamos la huella en cada paso, es un triunfo extra. No es nuevo decirlo, pero las exposiciones pasan y los libros quedan. Esta descomunal intervención efímera dejará la huella de todos. Porque es un espacio en movimiento, a puro riesgo, cubriendo las paredes, cambiando la fisonomía para que la obra encuentre el continente adecuado. La última palabra será del público, que en esta edición es tambíen jurado.
Un camino de sal graba las huellas de los visitantes sobre un inmenso paisaje donde aparecen dibujadas las obsesiones del artista marplatense; con un homenaje a la directora Koyo Kouoh, abrió la muestra “In Minor Keys”
2026-05-06 04:00:05
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