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1978: La noche en que San Diego se volvió zona de choque por el accidente del vuelo PSA 182

Una colisión aérea que cambió la normativa de control del tráfico y marcó una tragedia inolvidable en San Diego.

1978: La noche en que San Diego se volvió zona de choque por el accidente del vuelo PSA 182

El lunes 25 de septiembre de 1978, a las 09:01 hs, un Boeing 727 de Pacific Southwest Airlines iniciaba su aproximación final al aeropuerto Lindbergh Field. A escasos metros del suelo, un Cessna 172 despegaba bajo reglas de vuelo visual. El cielo estaba despejado, la visibilidad alcanzaba los 16 km y la torre solo tenía a esas dos aeronaves bajo su control.

La aproximación fatal

El 727, con 135 personas a bordo, descendía por la pista única del aeropuerto mientras el pequeño avión, pilotado por un instructor y un estudiante que llevaba un casco que limitaba su visión, ganaba altura sin instrumentos. Los controladores advirtieron a ambos pilotos que estaban peligrosamente cerca, pero la tripulación del PSA no logró localizar al Cessna a tiempo. A los 792 metros de altura los dos aviones se intersectaron, provocando una colisión que lanzó los restos del 727 sobre la zona residencial de North Park, a unos cinco kilómetros del aeródromo.

Últimas palabras en la cabina del 727

En la grabación que quedó del Boeing se escuchan risas nerviosas y la pregunta del capitán: “¿Ya nos libramos de ese Cessna?”. El copiloto respondió con un “¡Eso espero!”. En segundos la conversación se volvió caótica: “Despacio bebé, despacio”, “Nos dieron, hombre. Nos dieron”, y, al final, el temblor de la voz del capitán: “¡Oh, Dios mío! ¡Mamá, te quiero!”. La cinta se corta justo antes del impacto, a los 09:02 hs.

Devastación en North Park

El choque destruyó 22 casas y dejó 144 muertos: los 135 ocupantes del 727, el piloto y el estudiante del Cessna, y siete vecinos, entre ellos dos niños. El fuselaje quedó engullido por el fuego; una ala se incrustó en una vivienda y la explosión generó una nube hongo visible a diez kilómetros. Los bomberos describieron la escena como un “reguero de cadáveres”. Un investigador de la Junta Nacional de Seguridad en el Transporte explicó que la onda de presión abrió la cabina como una bolsa de papas fritas, expulsando los cuerpos a través de los agujeros del fuselaje.

Repercusiones en la aviación y la cobertura mediática

El fotógrafo Hans Wendt capturó la única imagen del 727 con el ala derecha en llamas, mientras el camarógrafo Steve Howel filmó la caída del Cessna y el estruendo del impacto. La cobertura del *San Diego Union‑Tribune* le valió el Pulitzer de 1979. La investigación concluyó que la culpa principal fue la pérdida de separación visual por parte de la tripulación del PSA, y que los procedimientos de la torre, que confiaron en la visión en vez del radar disponible, también fueron responsables.

Como respuesta, la FAA introdujo el espacio aéreo Clase B, obligando a un control radar positivo alrededor de los aeropuertos más importantes, y lanzó el Sistema de Alerta y Evitación de Colisiones (TCAS). El desastre quedó grabado en la memoria colectiva y, en 2012, el documental “Return to Dwight and Nile: The Crash of PSA Flight 182” revivió el dolor y la unión de la comunidad.

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