El intento de golpe en la Bürgerbräukeller: la noche que Hitler y 600 SA quisieron imitar a Mussolini
Una noche de 1923 donde 600 SA intentaron replicar la movida de Mussolini, pero la autoridad bávara sofocó el golpe.

El 8 de noviembre de 1923, la cervecería Bürgerbräukeller, ubicada en la calle Rosenheimer 15, en el corazón de Múnich, se convirtió en el escenario de una de las movidas más dramáticas de la historia alemana. Aproximadamente tres mil personas estaban reunidas para escuchar al comisionado estatal de Baviera, Gustav Ritter von Kahr, cuando la atmósfera se cargó de tensión y una maniobra militar se desencadenó en pleno salón.
El escenario de la noche de noviembre
El evento había sido planeado como una gran celebración política; el discurso de Kahr pretendía reforzar la autoridad bávara frente a los movimientos separatistas. Sin embargo, la presencia de la Sturmabteilung (SA), la tropa de asalto del Partido Nacional Socialista Obrero Alemán, transformó la reunión en una trampa. Unas seiscientas manos uniformadas rodearon la cervecería, cerrando las salidas y creando un cerco que dejaba sin escapatoria a los asistentes.
La incursión de la SA
Un grupo de los asaltantes logró colarse dentro del auditorio y, con una rapidez que sorprendió a los presentes, instaló una ametralladora en el centro del salón. El crujido metálico resonó entre las mesas mientras la audiencia, atónita, intentaba comprender qué estaba sucediendo. La tensión se volvió palpable: la gente se aferraba a sus mesas, mientras los jóvenes de la SA se movían como una sombra amenazante.
El disparo de Hitler y su grito
En medio del alboroto, Adolf Hitler, escoltado por sus colaboradores más cercanos, subió al podio donde Kahr permanecía inmóvil frente al micrófono. Cuando intentó abrir la boca, el clamor de la multitud ahogó su voz. Sin perder la compostura, desenvainó una pistola y disparó al techo, provocando un estruendo que obligó a la sala a un silencio forzado. Con la pistola aún en mano, gritó: «¡Ha estallado la revolución nacional! La sala está rodeada por 600 hombres. Nadie puede salir». Ese grito buscaba dar la impresión de que el golpe había triunfado, aunque la realidad era otra.
El rápido colapso del intento
Las autoridades bávaras no tardaron en reaccionar. La policía, apoyada por unidades del ejército, rodeó la cervecería y, tras un breve intercambio de disparos, detuvo a los principales responsables. Hitler fue arrestado y, al juicio, condenado a cinco años de prisión; sin embargo, cumplió apenas ocho meses antes de ser liberado, gracias a una serie de maniobras legales y presiones políticas que ya empezaban a gestarse.
Repercusiones y legado
El fracaso del golpe de la Bürgerbräukeller no apagó la llama del nacionalismo radical. La experiencia sirvió de lección para los líderes nazis, que afinaron sus estrategias y, años después, lograron tomar el poder mediante vías democráticas y luego autoritarias. Para la historia de Múnich, esa noche quedó marcada como una advertencia de cuán cerca estuvo la ciudad de un cambio violento que, de haber prosperado, habría alterado el destino de toda Europa.
Explorá más noticias en nuestra sección: Mundo





