Se destacó en Boca, fue amigo de Maradona y terminó preso dos veces

La carrera de Carlos Randazzo fue tan vertiginosa como singular. Surgido de las divisiones inferiores de Boca, el potente delantero debutó en Primera División en 1978. A lo largo de su trayectoria anotó goles importantes con la camiseta xeneize y protagonizó un hito casi irrepetible: es el único futbolista que nació en el elenco azul y oro, pasó a River y luego retornó a La Ribera sin perder el afecto de la hinchada.
Fuera de las canchas, Randazzo forjó un vínculo indestructible con Diego Armando Maradona. Fue una figura clave para tender los puentes que permitieron la llegada del “Diez” a Boca en 1981, e incluso fue quien le presentó a su futuro representante, Guillermo Coppola.
No obstante ello, la vorágine de la noche porteña y los excesos aceleraron el declive de su carrera deportiva, obligándolo a retirarse con apenas 25 años.
Alejado del fútbol, su vida dio un giro dramático al verse envuelto en graves causas judiciales que lo llevaron a estar preso en dos oportunidades.
LA HISTORIA DE CARLI RANDAZZO
Mucho antes de deslumbrar en La Bombonera, dividía sus madrugadas entre el Mercado de Flores y la cochería familiar, donde colaboraba de manera cotidiana. Sin embargo, su irrupción en la Primera de Boca a los 19 años fue explosiva: seis goles en sus primeros cotejos —con tanto a River incluido— lo catapultaron de inmediato al primer plano mediático.
Esa fama repentina quebró su disciplina. Su trampa profesional comenzó con una costosa transferencia a Argentinos Juniors que distanció a Maradona —amigo entrañable— y desencadenó una etapa de descontrol nocturno. Durante una gira europea con el conjunto azul y oro conoció la cocaína, adicción que aceleró su retiro del fútbol profesional con solo 25 años.
El verdadero abismo llegó con la justicia. Estuvo dos veces encarcelado: primero en la cárcel de Caseros por un crimen con el que no tuvo vinculación, y más tarde en Neuquén por una causa de drogas en la que también resultó sobreseído. Ambas experiencias terminaron en absolución, pero le marcaron la vida, dejándole el amargo recuerdo de ver dar sus primeros pasos a su pequeña hija dentro de un pabellón.
Transformado por el golpe de la prisión, Randazzo dejó las drogas para siempre. Dedicado hoy al reclutamiento de talentos deportivos y radicado entre Mar del Plata y Jujuy, encuentra su eje en la cercanía con sus siete hijos, satisfecho de haber mantenido su autenticidad tras haber cruzado la tormenta.





