El eje de resistencia iraní se desgarra: entre ruina y reconfiguración
El bloque creado por Irán en los años ochenta muestra señales de desgarro y reconfiguración tras quince meses de presión militar y sanciones internacionales.

El eje de resistencia iraní se desgarra: entre ruina y reconfiguración
Orígenes y lógica estratégica del bloque
Desde los años ochenta Teherán empezó a tejer una red que llamó el eje de resistencia, compuesta por milicias y gobiernos afines que se extendían desde Beirut hasta Saná. La premisa era clara: suplir la fragilidad del ejército regular con fuerzas paramilitares capaces de actuar como primera línea y proyectar poder sin exponer el territorio iraní a ataques directos.
Quince meses de presión y desgaste
En los últimos quince meses el bloque ha sufrido dos ataques directos contra Irán. Cada aliado respondió de forma distinta: algunos se sumaron al conflicto, mientras que otros mantuvieron la distancia. El golpe no borró la alianza, pero sí le arrebató la vigencia que disfrutaba en la década pasada.
Hezbollah: de potencia a pausa estratégica
Hasta 2023 Hezbollah contaba con más de 100.000 cohetes y misiles, además de una élite de comandos entrenada para defender al régimen de Assad. El fallecimiento de su líder, Hassan Nasrallah, en 2024 tras un ataque israelí, dejó a Naim Qassem al mando, pero sin la autoridad que había consolidado su predecesor. La presión del gobierno libanés para reducir el arsenal y la necesidad de la Guardia Revolucionaria de enviar efectivos propios al Líbano han limitado la capacidad operativa independiente del grupo.
Los hutíes, impulsores de una autonomía creciente
En Yemen la insurgencia hutí pasó de ser un grupo de pistoleros descalzos en los noventa a operar misiles antibuque en el Mar Rojo y derribar drones Reaper, gracias al apoyo iraní. Aun así, siguen defendiendo su autonomía: han estrechado lazos con Al‑Shabab, visitado Rusia y mantenido conversaciones con China, demostrando que su lealtad a Teherán se basa más en intereses compartidos que en obediencia directa.
Milicias chiíes en Irak y su futuro incierto
En Irak más de 200.000 milicianos integran agrupaciones chiíes surgidas tras la invasión de 2003, que recibieron armas y fondos de Irán. Actualmente el propio Estado iraquí actúa como su principal patrocinador. Algunas de estas fuerzas han atacado bases estadounidenses, pero temen que un conflicto abierto con Bagdad ponga en riesgo su posición. La Guardia Revolucionaria intenta crear pequeñas células para atacar a los estados del Golfo, pero la mayoría de las milicias se muestra reacia a comprometerse en una guerra directa.
Hamas y la tensión interna del eje
Hamas, grupo suní, siempre resultó difícil de encajar en un bloque mayormente chií. El respaldo iraní a Assad provocó un distanciamiento, y su nuevo líder, Khalil al‑Hayya, aunque leal a Teherán, ha buscado acercarse a Turquía y a los países del Golfo. En marzo instó a Irán a frenar los ataques contra esos estados, pero el apoyo a los palestinos sigue siendo un pilar ideológico del régimen.
Perspectivas: ¿reconstrucción o desmembramiento?
La guerra ha generado daños valorados en cientos de miles de millones de dólares, mientras EE. UU. endurece sanciones y bloquea puertos iraníes. La caída de Assad cortó la ruta terrestre hacia el Líbano, obligando a Teherán a priorizar recursos escasos. El eje podría mantenerse como una constelación de grupos vinculados a Irán, pero cada vez más autónomos, o bien desintegrarse como los satélites soviéticos de los ochenta. Lo que parece seguro es que la lógica de usar milicias como extensión del poder iraní seguirá vigente, aunque bajo una estructura más fragmentada y controlada.
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