Salud

Fumar en la tercera edad y la soledad: lo que revelan los últimos estudios

Los nuevos hallazgos apuntan a una relación entre el hábito de fumar y el aislamiento social en adultos mayores.

Fumar en la tercera edad y la soledad: lo que revelan los últimos estudios

Los nuevos hallazgos apuntan a una relación entre el hábito de fumar y el aislamiento social en adultos mayores.

El mito del fumador sociable

Durante años la pausa del cigarro en la oficina o la charla en la puerta del bar se vendieron como momentos de camaradería. La cultura popular pintó al fumador como el “compañero de sobremesa”, siempre dispuesto a compartir un mate o una charla mientras encendía su cigarro.

Sin embargo, la evidencia científica reciente empieza a desmentir esa visión romántica, sobre todo cuando el hábito se mantiene después de los 65 años. En la práctica, el consumo de tabaco parece estar ligado a una mayor sensación de aislamiento.

El estudio europeo que encendió la discusión

Un consorcio de investigadores analizó a 50.000 personas de 15 países europeos a partir de los datos del proyecto SHARE, con dos años de seguimiento. Los resultados preliminares, presentados en un congreso internacional, indican que los fumadores mayores presentan más indicadores de aislamiento: menos visitas a familiares, escasa participación en actividades comunitarias y mayor probabilidad de vivir solos.

Aunque el informe aún está en fase preliminar y faltan detalles sobre el protocolo exacto, la definición de exposición al tabaco y el modelo estadístico usado, la tendencia es clara: el tabaquismo no aporta nada positivo a la vida social de los adultos mayores.

Evidencia británica que respalda la tendencia

En 2022, una cohorte longitudinal publicada en The Lancet siguió a 8.780 adultos ingleses de 50 años o más durante 12 años. La investigación comparó a fumadores y no fumadores en tres momentos (a los 4, 8 y 12 años) y ajustó los resultados por edad, sexo, clase social y diagnósticos de salud.

Los datos mostraron que, al inicio, los fumadores ya reportaban mayor soledad, menos contacto con amigos y familiares y menor participación cultural. Con el paso del tiempo, esa brecha se amplió: el contacto social de los fumadores decayó y la sensación de soledad aumentó notablemente a los cuatro años.

Matices y posibles explicaciones

Los autores advierten que no se puede afirmar que fumar sea la causa directa de la soledad. La asociación podría deberse a factores compartidos, como problemas de salud mental, bajos ingresos, redes sociales reducidas o la presencia de enfermedades crónicas que dificultan la interacción.

Algunas investigaciones sugieren que el aislamiento social también puede impulsar el consumo de tabaco en mayores de 65 años, lo que abre la puerta a una causalidad inversa: la soledad lleva a fumar y, a su vez, fumar profundiza la soledad.

Implicancias para la política pública en Córdoba

Si bien la evidencia no es definitiva, los resultados invitan a repensar las estrategias de prevención. Programas de salud que combinen apoyo para dejar de fumar con iniciativas de inclusión social podrían atacar ambas problemáticas a la vez.

En la práctica, ofrecer espacios libres de humo en centros comunitarios y promover actividades grupales para mayores puede ser una forma de romper el círculo. En la provincia de Córdoba, donde la cultura del mate y la charla en la plaza siguen siendo fuertes, integrar a los fumadores en esas redes podría ser una vía eficaz para disminuir tanto el consumo de tabaco como la sensación de aislamiento.

Persona mayor sosteniendo un cigarro, mirada pensativa, simbolizando la relación entre fumar y la soledad

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