Fumar aumenta la soledad en la tercera edad, según un estudio europeo
Investigación europea revela que el hábito de fumar intensifica la sensación de aislamiento en la tercera edad.

Fumar aumenta la soledad en la tercera edad, según un estudio europeo
Un análisis que englobó a 50.000 personas de 15 naciones del viejo continente reveló que los mayores de 65 años que siguen prendiendo el cigarro viven una sensación de aislamiento notablemente mayor que quienes no fuman. Los datos provienen del proyecto SHARE, con dos años de seguimiento, y ponen en tela de juicio la idea de que el acto de compartir un puro sea, a veces, una excusa para sociabilizar.
El estudio que rompe el mito del fumador sociable
Los investigadores cruzaron la información sobre consumo de tabaco con indicadores de aislamiento, como la frecuencia de contactos con familiares, la participación en actividades vecinales y la convivencia en hogares compartidos. Los resultados, presentados en un congreso internacional, mostraron que a partir de los 65 años el hábito de fumar se relaciona con una mayor probabilidad de vivir solo y con un descenso progresivo del contacto social.
Cómo se llevó a cabo la investigación
Se trató de un estudio longitudinal que siguió a los participantes durante dos años, ajustando la muestra por variables como edad, sexo, nivel socio‑económico y diagnósticos de salud física y mental. Si bien aún faltan detalles sobre el protocolo exacto y el modelo estadístico, el tamaño de la muestra y el diseño permiten inferir una relación temporal entre fumar y empeorar la soledad.
Resultados que confirman la asociación
En la línea de base, los fumadores ya tenían menos visitas de amigos y familiares, menor participación en eventos culturales y una tendencia a vivir en solitario. Con el paso de los dos años, la brecha se amplió: los mayores que siguen fumando reportaron un aumento de la sensación de soledad y una caída en la frecuencia de encuentros sociales.
Otros factores que complican la ecuación
Los autores advierten que no se puede atribuir la soledad únicamente al tabaco. Variables como la salud mental, los ingresos, la presencia de enfermedades crónicas y la calidad de la red de apoyo influyen en ambos fenómenos. Estudios previos en Inglaterra, publicados en The Lancet, encontraron una relación inversa: el aislamiento también eleva la probabilidad de iniciar o mantener el hábito de fumar.
Repercusión para los cordobeses
En nuestra provincia, donde el café de la esquina y la charla en la puerta del bar siguen siendo parte del tejido social, estos hallazgos invitan a reflexionar. Si bien el cigarro ha sido tradicionalmente una excusa para “parar a charlar”, la evidencia sugiere que, a la larga, ese momento puede aislar más que conectar, sobre todo entre los mayores que ya cuentan con menos redes de apoyo.
Combatir la soledad en la tercera edad pasa por reforzar los centros comunitarios, promover actividades sin humo y ofrecer alternativas de acompañamiento emocional. Dejar el tabaco no solo beneficia los pulmones; abre la puerta a relaciones más sólidas y a una vida menos solitaria.

Explorá más noticias en nuestra sección: Salud





