Cuba se sumerge en la oscuridad: El impacto humano de la crisis energética en la isla
La crisis energética en Cuba deja sin electricidad a toda la isla, afectando a millones de personas y transformando la vida cotidiana en la isla.

Cuba se sumerge en la oscuridad: El impacto humano de la crisis energética en la isla
La ciudad de La Habana amaneció con los semáforos apagados y los conductores negociando silenciosamente en cada cruce. Los peatones caminaban con calma bajo el calor del verano, mientras que los triciclos eléctricos intentaban abrirse paso entre el tránsito desordenado. Esta era la imagen de una ciudad que, una vez más, despertaba a oscuras.
El nuevo colapso del Sistema Eléctrico Nacional ocurrió la noche del domingo y dejó sin suministro a toda Cuba, que volvió a sufrir un apagón nacional, el sexto desde comienzos de 2026 y el undécimo desde finales de 2024. Para millones de cubanos, sin embargo, las cifras ya perdieron significado. Lo que permanece es la incertidumbre de no saber cuándo regresará la electricidad o cuánto tiempo pasará antes de que vuelva a desaparecer.
La crisis energética en Cuba responde a una combinación de factores. Por un lado, gran parte de las centrales termoeléctricas opera desde hace décadas con equipos envejecidos y frecuentes averías que reducen su capacidad de generación. Por otro, la escasez de combustible ha agravado un sistema que desde hace meses funciona al límite. El Gobierno cubano sostiene que el endurecimiento del bloqueo petrolero y de las sanciones económicas dificulta la compra de combustible y limita la capacidad de generación eléctrica de la isla.
La administración del presidente Donald Trump intensificó las sanciones contra empresas estatales cubanas, lo que, según La Habana, provocó que numerosas compañías extranjeras suspendieran operaciones en el país y redujeran el ingreso de divisas. A finales de junio, el canciller Bruno Rodríguez aseguró que las conversaciones entre ambos gobiernos “no muestran progresos”. En paralelo, el Gobierno puso en marcha durante junio una serie de reformas orientadas a introducir mayores mecanismos de mercado con el objetivo de reactivar una economía que continúa afectada por la escasez de divisas, combustible y capacidad de generación eléctrica.
En la mañana de este lunes, apenas el 23,1% de La Habana había recuperado el suministro eléctrico. Poco a poco algunas luces comenzaron a encenderse y varios barrios salieron de la oscuridad. Los semáforos volvieron a funcionar en algunas esquinas y el tránsito recuperó parte de su ritmo habitual. Sin embargo, nadie parecía dispuesto a celebrar demasiado. Apenas un día antes, un apagón parcial había anticipado el colapso total del sistema. En una Cuba donde la electricidad ya no representa una garantía sino una tregua, millones de personas aprendieron que el verdadero reloj no marca las horas del día, sino el tiempo que falta para el próximo apagón.
La vida cotidiana en Cuba se ha transformado alrededor de los apagones. La gente cocina cuando hay electricidad, carga los teléfonos antes de que vuelva a cortarse el servicio, hace compras en pequeñas cantidades para evitar perder los alimentos y se resigna a que cualquier planificación puede quedar interrumpida por un nuevo fallo del sistema. La incertidumbre y la angustia se han instalado en la vida diaria de los cubanos, que deben prepararse psicológicamente para enfrentar cada nuevo día sin saber qué les depara el futuro.
En el contexto de la crisis energética en Cuba, es fundamental considerar el impacto humano de la situación. La gente no solo se ve afectada por la falta de electricidad, sino que también sufre la incertidumbre y la angustia que conlleva. La vida cotidiana se ha convertido en una lucha diaria para sobrevivir en una situación en la que la electricidad ya no es un lujo, sino una necesidad básica. Es importante destacar que la crisis energética en Cuba no es solo un problema técnico, sino que también tiene un componente social y humano que no puede ser ignorado.
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