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Desempleo juvenil en China: la polémica de Xingyu y sus ecos en la sociedad

La controversia de Xingyu pone en evidencia la profunda crisis del empleo para los recién graduados chinos.

Desempleo juvenil en China: la polémica de Xingyu y sus ecos en la sociedad

El ultimátum que encendió la polémica

El mes pasado Xingyu Automotive Lighting, una de las mayores fábricas de piezas de automóvil del este de China, puso en jaque a 140 recién graduados que llevaban apenas unas semanas en la planta. La empresa les dio la opción de renunciar aceptando medio mes de sueldo o pasar a la línea de montaje con un salario de escasos yuanes. Más de cien jóvenes optaron por abandonar la empresa, generando una ola de indignación que cruzó la frontera del sector privado.

Respuesta de los poderes y del cliente alemán

El Diario del Pueblo, órgano oficial del Partido Comunista, no tardó en criticar el proceder de Xingyu, calificándolo de “pisotear la confianza de la sociedad”. Por su parte, Volkswagen, cliente principal de la compañía, anunció que estaba investigando los despidos. Ante la presión, Xingyu pidió disculpas públicas, despidió a su directora de recursos humanos y recortó los salarios de varios ejecutivos como muestra de contrición.

Un récord de titulados y un mercado que se contrae

El escándalo se dio en un contexto de saturación laboral sin precedentes: en 2023 se graduaron 12,7 millones de jóvenes en China, cifra que duplica la de hace una década. La demanda de mano de obra cayó drásticamente por la crisis del sector inmobiliario y la caída del consumo, dejando a muchos titulados sin opciones. Cuando el indicador oficial de desempleo juvenil rozó el 20 % el año pasado, las autoridades suspendieron la publicación de los datos y, meses después, comenzaron a divulgar una tasa “optimizada” mucho más baja, aunque los números reales siguen rondando el mismo nivel.

Impacto social: de la oficina a la “falsa” jornada laboral

Ante la falta de puestos, los jóvenes están reinventando la forma de “trabajar”. En ciudades como Pekín y Shanghai surgieron empresas de “oficinas de simulación”, donde por una cuota diaria de unos 30 yuanes (aprox. 4,50 dólares) los usuarios pueden sentarse en un escritorio, encender la lámpara y fingir una jornada laboral mientras envían currículums o navegan en redes. Las bibliotecas públicas se han convertido en otro punto de encuentro: mesas llenas de jóvenes que alternan la revisión de CV con partidas de videojuegos, mientras algunos confiesan que prefieren “ser niños a tiempo completo”, ayudando en casa a cambio de una paga familiar.

Qué espera el gobierno y los analistas

El Estado ha ordenado a las empresas estatales contratar a más graduados, intentando que la humillación de Xingyu sirva de ejemplo para el sector privado. Según Jenny Chan, socióloga de la Universidad Politécnica de Hong Kong, la presión gubernamental busca que todos “compartan la responsabilidad nacional” y reduzcan los despidos masivos. Mientras tanto, la regulación que azotó a la industria de tutorías y la adopción acelerada de inteligencia artificial en el entretenimiento han eliminado cientos de miles de puestos, dejando a la generación más joven en una encrucijada laboral que parece más una nueva forma de vida que una simple fase transitoria.

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