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El secreto del manantial oculto bajo la Ciudad Perdida: descubren un motor energético sobrecalentado en el Atlántico

Un equipo de científicos descubre un manantial de agua sobrecalentada bajo el macizo de Atlantis, revelando un motor energético oculto que podría sostener ecosistemas en otros planetas y lunas.

El secreto del manantial oculto bajo la Ciudad Perdida: descubren un motor energético sobrecalentado en el Atlántico

En el corazón del océano Atlántico, un equipo de científicos ha logrado descubrir un manantial oculto bajo la Ciudad Perdida, un ecosistema único y complejo que ha sido objeto de estudio durante décadas. Este descubrimiento revoluciona nuestra comprensión de cómo se forma la vida en la Tierra y plantea nuevas preguntas sobre la existencia de ecosistemas similares en otros planetas y lunas del sistema solar.

La Ciudad Perdida es un conjunto de paredes y monolitos descubiertos en el año 2000, que alcanzan los 60 metros de altura y sirven como sitio de ventilación natural oceánica. Este ecosistema es célebre por sus chimeneas blancas de carbonato y sus manantiales alcalinos ricos en hidrógeno y metano. Los organismos que habitan allí no dependen de la fotosíntesis, sino de la energía liberada cuando el agua reacciona con las rocas profundas.

Hasta ahora, una pregunta clave permanecía sin respuesta: cuál era la fuente última del fluido energético que permite la existencia de este ecosistema. Para resolver el misterio, un equipo internacional perforó un pozo de 1268 metros bajo el lecho marino en la zona del macizo de Atlantis, aproximadamente a 800 metros al norte de Lost City. La profundidad alcanzada por el pozo U1601C permitió extraer muestras inéditas de peridotitas del manto y recolectar agua en diferentes niveles.

El análisis químico de las muestras fue contundente: el agua más profunda presentaba una mezcla en la que hasta el 80% correspondía a agua de formación nativa, rica en componentes químicos formados a temperaturas superiores a los 300 °C. Esta composición resultó casi idéntica a la del fluido que emerge por las chimeneas de Lost City, confirmando que el combustible del sistema proviene de fuentes subterráneas sobrecalentadas.

El avance de la perforación y el posterior análisis de las aguas profundas permitieron observar cómo el agua de mar penetra a gran profundidad en la corteza oceánica, reacciona con las rocas del manto y se transforma en un fluido químicamente activo. La composición de este fluido ofrece pistas únicas: bajos niveles de magnesio, altos valores de calcio, y abundancia de elementos como litio, rubidio, cesio y estroncio. Estos indicadores son característicos de una intensa interacción agua-roca en entornos dominados por gabros y peridotitas, materiales que forman parte del manto terrestre y que rara vez se estudian de forma directa.

El estudio también mostró que el agua profunda absorbió hidrógeno, metano y otros hidrocarburos, elementos que alimentan la vida microbiana en la Ciudad Perdida. La evidencia de estos procesos se reflejó en las altas concentraciones de H₂ y CH₄, así como en la presencia de elementos traza y en la modificación de los isótopos del agua. Los datos obtenidos confirman la existencia de una circulación dinámica: el agua de mar desciende, reacciona a gran profundidad con las rocas del manto, se sobrecalienta y asciende cargada de energía química y nutrientes, listos para sostener la vida en las chimeneas hidrotermales.

El hallazgo no solo responde a un enigma terrestre, sino que también plantea nuevas preguntas sobre la vida en el universo. El campo hidrotermal de Lost City se considera uno de los mejores análogos a los posibles entornos habitables en mundos oceánicos cubiertos de hielo, como Encélado o Europa. La demostración de que el agua enriquecida con hidrógeno puede formarse por reacciones en la corteza profunda sugiere que esta clase de procesos podría operar en otros planetas y lunas, generando energía suficiente para sostener ecosistemas independientes de la luz solar.

El descubrimiento de un manantial de agua sobrecalentada bajo el macizo de Atlantis redefine la percepción sobre los límites de la vida en la Tierra y su posible aparición en otros mundos. La energía química, generada en las entrañas del planeta, se revela como un motor oculto y potente para la diversidad biológica, mucho más allá de la luz del Sol.

El equipo planea regresar al pozo U1601C para realizar muestreos más precisos, empleando dispositivos herméticos que permitan capturar agua de formación sin contaminación y medir parámetros críticos como el pH, las concentraciones de metales traza y los niveles de gases disueltos, particularmente el hidrógeno. La obtención de estos datos permitirá definir de manera rigurosa cómo se liberan y transportan los nutrientes que alimentan la vida microbiana en la Ciudad Perdida, y cómo estos procesos influyen en la alteración geoquímica del entorno.

El análisis de las concentraciones de solutos según la profundidad muestra tendencias reveladoras: las concentraciones disminuyen desde la composición típica del agua de mar en los primeros cientos de metros, para luego aumentar con la profundidad, reflejando la transición hacia agua genuina de formación. La sección más profunda del pozo estuvo dominada por agua sin magnesio, alterada por la roca, que se descargaba activamente a través de zonas permeables. Las firmas isotópicas y las concentraciones de gases y elementos traza coinciden con una fuente gabroica a temperaturas mayores a 300 °C. Además, los cambios en los isótopos del agua apuntan a una interacción prolongada con el sustrato ultramáfico.

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