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Liverpool apoyó en redes a Mac Allister en la previa de Argentina-Inglaterra: crisis, tragedia y Margaret Thatcher el lazo en común del “odio” a la Selección

Si el duelo de Argentina-Inglaterra de por sí está marcado por razones políticas, Liverpool se encargó de meterle más leña al fuego y, como es habitual, volvió a pronunciar su rechazo contra la Selección Inglesa al realizar un posteo en apoyo a Alexis Mac Allister y la “Scaloneta”.

“Macca y Argentina se enfrentan a Inglaterra por un lugar en la final de la Copa del Mundo”, se lee en la publicación realizada por las cuentas oficiales de “Los Rojos”, con una imagen de Alexis, la bandera argentina de fondo y solo un escudo de “los de blanco”.

La publicación en Instagram y X (Twitter) provocó el estallido de los compatriotas, que insultan a Liverpool y al combinado “Albiceleste”. En contraste, los propios hinchas de “The Reds” salieron a bancar el posteo y recuerdan el pasado, cuando Inglaterra buscó que la ciudad “se muriera”.

Liverpool, como entidad, nunca olvidó sus conflictos políticos con Inglaterra y con Margaret Thatcher, que vaya si tiene historia con nuestro país. La exprimera ministra, que increíblemente es admirada por el presidente de nuestra nación, planeaba dejar que la ciudad “declinara” en una crisis económica devastadora sin precedentes y cuya sociedad se refugió en el fútbol como única “salvación”.

“Éramos los mejores de Europa. El fútbol era el único espacio donde el Gobierno de Thatcher no podía hacernos sufrir”, recordó el emblemático defensa James “Jamie” Carragher. El club vivió entonces el periodo más glorioso de su historia, ganando once ligas inglesas y cuatro Copas de Europa bajo el mandato de John Smith, presidente entre 1973 y 1990.

Durante la década del ’70 y ’80, los habitantes de Liverpool llegaron a verse a sí mismos como extranjeros, separados del resto del país, y la gestión estatal del desastre de Hillsborough en 1989 afianzó aún más esos sentimientos antisistema. Desde aquel momento, los abucheos al himno nacional en los partidos de fútbol cuando el equipo jugaba en Wembley (frecuentes por el dominio del Liverpool en el fútbol inglés durante la década) se generalizaron y siguen haciéndolo.

Liverpool es una ciudad que dejó de seguir las tradiciones inglesas; es más, los ciudadanos sienten una fuerte desconexión con el sur de Inglaterra y el patriotismo tradicional inglés. La identidad local prima sobre la nacional, promoviendo en muchos casos una preferencia por los futbolistas extranjeros del equipo local por encima de la propia selección.

La desigualdad social y económica es algo que sigue enfadando a muchos en la ciudad de izquierdas. Cabe destacar que fueron los hinchas del Liverpool y del Everton los que pusieron en marcha en 2015 Fans’ Supporting Foodbanks, una iniciativa que pretende hacer frente a la pobreza alimentaria en el Reino Unido.

EL LIVERPOOL COMO REFUGIO A LA CRISIS Y LA EMBESTIDA POLÍTICA

“El LFC nos salvó de la depresión”, dice el historiador Frank Carlyle en un libro del investigador y especialista de fútbol Daniel Fieldsend dedicado al club y a la ciudad. El escrito también cita al productor y escritor Dave Kirby, quien así declamaba en 1977: “El club representa lo que somos, nuestras esperanzas, nuestros sueños. Permite que la mayoría de nosotros pasemos el fin de semana, nos olvidemos del desempleo, de la fábrica, de la mierda de cada día. Existimos por y para él y él existe por y para nosotros”.

Veinte años después, el sonado gesto de un jugador también quedó grabado en la memoria colectiva. En 1997, durante una huelga de estibadores, en lucha por su supervivencia, Robbie Fowler celebró su gol 113, con tan solo 21 años, enseñando una camiseta que llevaba por debajo de la del club, en la que se podía leer: “Apoyo a los quinientos estibadores de Liverpool despedidos desde septiembre de 1995”. Su acción ayudó a publicitar el conflicto y a Fowler se le sigue venerando por ese gesto.

Además de la crisis económica, una tragedia también mantiene unidos a los habitantes de la ciudad. El 15 de abril de 1989, durante la semifinal de la Copa de Inglaterra, el Liverpool se enfrentó al Nottingham Forest en el estadio de Hillsborough, en Sheffield. El partido ya había comenzado cuando miles de espectadores que habían llegado tarde entraron en tromba en el estadio. Noventa y seis personas, niños entre ellas, murieron aplastadas contra las verjas o pisoteadas a causa de una avalancha.

Cuatro años antes ya se había culpado al LFC por el comportamiento violento de sus hinchas en la estampida mortal del Heysel, en Bélgica, el 29 de mayo de 1985, durante la final de la Copa de Europa contra la Juventus de Turín: treinta y nueve muertos y cuatrocientos cincuenta heridos. Otra vez volvió al banquillo de los acusados.

Unos días después del episodio, el diario The Sun, bajo el titular “La verdad”, se acogió a la versión de la policía y acusó a los hinchas de ser los únicos responsables de lo ocurrido. El periódico asimismo aventuró tres acusaciones que a la postre resultarían falaces: “Hinchas orinaron sobre esforzados policías”; “Hinchas robaron a las víctimas”; “Hinchas impidieron que los equipos de emergencias realizaran el boca a boca a las víctimas”.

Las palabras del período culpando a los aficionados del Liverpool fueron consideradas otra muestra más del odio del país a la ciudad y al club. Esta manipulación y la posterior negligencia institucional provocaron un quiebre de confianza definitivo que derivó en silbidos generalizados contra el himno nacional y figuras de la realeza en Anfield.

Cada década que se cumple, en el estadio de “Los Rojos” se pide por justicia por los fallecidos en la tragedia, se vuelve a repudiar al Gobierno y hasta hay eventos en los que el popular diario no es acreditado.

Por todas estas circunstancias, Liverpool se autopercibe como “odiador” de la Selección Inglesa. El pasado quedó marcado a fuego en una sociedad que vive su propia cultura. ¿Más hinchas argentinos?

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