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Turquía en la encrucijada: ¿Un nuevo imperio otomano en ciernes?

Turquía se encuentra en una encrucijada, entre la islamización y la autocracia, mientras busca dejar un legado duradero en la región

La transformación de Turquía

En el umbral del siglo XXI, Turquía se encontraba en una encrucijada. El historiador británico Martin Walker acuñó el término ‘dilema turco’ para describir la dualidad interna de este país, que entonces se debatía entre la herencia laica de Atatürk y el auge del islamismo. Veintiséis años después, este concepto sigue siendo relevante, aunque su significado ha evolucionado para representar la compleja posición de Turquía en el tablero geopolítico internacional.

La biografía de Recep Tayyip Erdoğan es un reflejo de esta transformación. Desde sus inicios como alcalde de Estambul en 1997, cuando fue acusado de extremismo y odio religioso, hasta su actual posición como presidente de Turquía, Erdoğan ha sido una figura clave en la redefinición del paradigma turco. Su partido, el islamista Refah Partisi, fue ilegalizado por el Tribunal Constitucional turco debido a su defensa del integrismo, simbolizada en la lectura de un poema del poeta Ziya Gökalp que convertía la religión en una llamada a la lucha.

La islamización de Turquía

En dos décadas, Turquía ha experimentado una severa islamización que ha reemplazado gradualmente el laicismo como identidad nacional. El gobierno ha invertido miles de millones en la creación de escuelas públicas religiosas, reducido las horas de ciencia y biología en la educación primaria y secundaria para reemplazarlas con el estudio de la moral religiosa, e incorporado la asignatura de historia de la Jihad. Además, el Ministerio de Asuntos Religiosos se ha convertido en un gran poder económico que controla miles de mezquitas, ahora utilizadas como instrumentos de influencia política y social.

La decisión de Erdogan en 2020 de revocar el decreto de Atatürk que convertía la basílica de Santa Sofía en un museo y transformarla nuevamente en mezquita es un ejemplo más de esta tendencia hacia la islamización. Este proceso no solo ha cambiado la identidad de Turquía, sino que también ha tenido un impacto significativo en su sistema político, que ha evolucionado hacia una autocracia presidencial. La concentración del poder en manos de Erdoğan ha generado preocupación tanto dentro como fuera de Turquía, ya que se percibe como una amenaza a la democracia y a la laicidad.

La autocracia de Erdogan

Con la excusa del intento de golpe de estado de 2016, Erdogan ha llevado a cabo una purga masiva que ha afectado a centenares de miles de personas, desde militares y periodistas hasta intelectuales y profesores. La purga en el ejército ha significado la expulsión de miles de miembros y el cierre de centenares de academias, mientras que en los medios de comunicación, centenares de ellos han sido clausurados. Este proceso ha dejado a Turquía con un sistema político en el que el poder ejecutivo controla todos los aspectos de la vida pública, incluyendo la justicia, las universidades y los medios de comunicación.

El caso del alcalde de Estambul, Ekrem Imamogly, es un ejemplo de cómo el gobierno de Erdogan utiliza el sistema judicial para silenciar a la oposición. Acusado de corrupción, malversación y terrorismo, Imamogly enfrenta una posible condena de 2.430 años de cárcel, lo que ha generado preocupación internacional sobre el estado del sistema judicial en Turquía. La comunidad internacional ve con preocupación cómo Turquía, bajo el liderazgo de Erdogan, se aleja de los principios democráticos y se acerca a una forma de gobierno autoritario.

El dilema turco en el exterior

Si el interior de Turquía está marcado por la islamización y la autocracia, su política exterior es agresiva, ambivalente y expansiva. Turquía interviene en varios conflictos regionales, desde Libia hasta el Cáucaso, y busca establecerse como una potencia central en Oriente Medio. Esta estrategia internacional, que busca recuperar el viejo imperio otomano, plantea un dilema para Occidente, que necesita a Turquía como socio militar y geopolítico, pero se preocupa por su política exterior y su impacto en la región.

En este contexto, el papel de Erdogan como líder de Turquía es crucial. Con un poder absoluto que domina todos los aspectos de la vida política y social, Erdogan busca dejar un legado duradero que supere al de Atatürk. Sin embargo, este legado está siendo cuestionado por muchos, tanto dentro como fuera de Turquía, que ven en la política de Erdogan una amenaza para la democracia, la laicidad y la estabilidad regional. La pregunta que queda en el aire es si Turquía logrará encontrar un equilibrio entre su identidad islámica y su compromiso con los valores democráticos, o si seguirá profundizando en su camino hacia la autocracia y el expansionismo.

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