Super El Niño 2026: cinco acciones que la ciencia exige a gobiernos y organismos internacionales
Expertos advierten y proponen un plan de cinco pasos para que gobiernos y organismos internacionales actúen antes del fenómeno

Super El Niño 2026: cinco acciones que la ciencia exige a gobiernos y organismos internacionales
Una alerta que trasciende la meteorología
Un posible Super El Niño a finales de 2026 se perfila como una movida que puede desencadenar lluvias torrenciales, olas de calor extremas, escasez de alimentos y graves problemas de salud en América del Sur, Asia, África y el Pacífico occidental. Un equipo de científicos de la Universidad de Bristol, cuyo informe apareció en The Lancet, sostiene que la ventaja de contar con meses de antelación permite pasar de simples pronósticos a planes concretos de prevención.
Primer paso: que la ONU declare emergencia sanitaria
Los investigadores piden a la Organización de las Naciones Unidas y a sus agencias que conviertan la declaración oficial de El Niño en una señal de acción coordinada. No se trata solo de un aviso técnico para meteorólogos; la declaración debería activar campañas de prevención, movilizar recursos de agua y alimentos y reforzar la capacidad de los hospitales en los países más vulnerables.
Evaluar riesgos y activar sistemas de alerta temprana
El segundo punto del plan consiste en apoyar a los gobiernos nacionales para que evalúen cómo el fenómeno podría afectar la salud de sus poblaciones. Entre las herramientas recomendadas están los sistemas de alerta temprana que avisan sobre lluvias extremas, crecidas, sequías prolongadas o temperaturas récord, dando tiempo para evacuaciones, reforzar la infraestructura sanitaria y difundir medidas de autoprotección.
Segundo paso: mapear vulnerabilidades locales
Para que la alerta sea útil, debe conectarse con ministerios de Salud, servicios de emergencia, autoridades locales, redes de agua y los organismos responsables de la producción alimentaria. Solo una coordinación intersectorial permite transformar la información climática en decisiones que realmente salvan vidas.
Separar el impacto de El Niño del cambio climático
El tercer objetivo es ampliar los estudios que distingan cuánto daño proviene del propio fenómeno y cuánto del calentamiento global generado por las emisiones de gases de efecto invernadero. Con datos más precisos, las autoridades pueden diseñar respuestas ajustadas: drenajes y vigilancia epidemiológica donde predominen inundaciones, reservas de agua y planes de sombra donde el riesgo sea de sequía y golpes de calor.
Tercer paso: investigaciones de atribución
Ruby Lieber, autora principal del informe, señala que hoy existe escasa información para cuantificar esa proporción. Mejorar la base de evidencia permitiría asignar fondos de forma más eficaz y evitar inversiones innecesarias en áreas donde el riesgo es bajo.
Monitoreo continuo de la salud durante el fenómeno
El cuarto punto insiste en seguir de cerca los indicadores sanitarios a lo largo de todo el ciclo de El Niño. No basta con medir el impacto al final; es necesario observar la evolución de enfermedades transmitidas por mosquitos, la seguridad alimentaria, el acceso a agua potable y los casos de deshidratación o golpe de calor.
Cuarto paso: seguimiento de datos en tiempo real
Los investigadores proponen crear una red de datos actualizados que combine información climática, de salud, de disponibilidad de alimentos y de capacidad de respuesta de los servicios públicos, de modo que los vacíos de información se cubran antes de que se conviertan en emergencias.
Costos y efectividad de la respuesta
La quinta y última recomendación es analizar el costo‑beneficio de cada medida preventiva, desde los sistemas de alerta temprana hasta el fortalecimiento de hospitales y la construcción de defensas urbanas contra inundaciones. En contextos de vulnerabilidad económica, priorizar intervenciones con resultados concretos puede marcar la diferencia entre una crisis manejable y una catástrofe.
Quinto paso: coordinación internacional y financiación anticipada
El informe llama a una mayor cooperación entre científicos del clima y de la salud, la Organización Mundial de la Salud, el Banco Mundial, ONG y agencias de la ONU. El apoyo debe llegar antes de que la emergencia obligue a los países a responder con recursos insuficientes, aprovechando la ventana de previsibilidad que brinda El Niño para reducir al máximo los daños.
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