La resurrección de la ultraderecha en Rusia: Un análisis de intolerancia y nacionalismo
La resurrección de la ultraderecha en Rusia plantea serias preocupaciones sobre la seguridad y la estabilidad en el país.

En medio de la guerra en Ucrania, Rusia está experimentando un resurgimiento de grupos ultraconservadores que promueven el machismo, la xenofobia y la intolerancia. Estas organizaciones, que operan bajo la sombra del Kremlin, han encontrado un terreno fértil para crecer y expandirse, aprovechando el nacionalismo ruso y los valores tradicionales que el gobierno ha inculcado a la población.
Uno de los grupos más destacados es Muzhskoi Put, o El Camino Masculino, que se autodenomina como una organización que vela por los derechos de los hombres rusos. Su director, Andréi Brezguin, argumenta que Rusia ha carecido de patriarcado e igualdad, pero cuenta con un matriarcado estatal, donde el 72% de los funcionarios son mujeres. Brezguin, quien anteriormente fue condenado a dos años de prisión por el secuestro de su propia hija, defiende una estructura familiar patriarcal, donde el hombre debe ganar más dinero que la mujer y gestionar los gastos de la familia.
La llegada de la primavera ha traído consigo varias marchas en todo el país a favor de la familia tradicional y en contra del aborto, derecho que ya ha sufrido restricciones en numerosas regiones. Eugene Rosenblum, coordinador de las protestas antiaborto ‘Marcha por la vida’, considera que el objetivo final es la prohibición total del aborto, pero acoge con beneplácito cualquier medida intermedia en esa dirección. Rosenblum argumenta que se trata de un ‘compromiso moral y cívico’ y no hay motivos religiosos detrás.
Otra organización que ha ganado notoriedad es Comunidad Rusa, que aboga por la unidad del pueblo ruso, se posiciona en contra de la inmigración y se declara afín al liderazgo del presidente ruso, Vladímir Putin. Según medios opositores rusos, la organización está estrechamente vinculada al Servicio Federal de Seguridad (FSB) y habitualmente acompañan a las fuerzas policiales en redadas contra inmigrantes que han desembocado en ocasiones en actos violentos.
Los miembros de Comunidad Rusa se coordinan para realizar marchas de vigilancia por la ciudad y redadas propias, y posteriormente se jactan de sus actos en redes sociales, donde suben vídeos intimidando a trabajadores inmigrantes de tiendas de alimentación o shawarmas, donde suelen trabajar los inmigrantes centroasiáticos. Los gimnasios y asociaciones de hinchas de fútbol son espacios tradicionales para la reunión y reclutamiento por parte de este tipo de organizaciones.
La prensa disidente sostiene que detrás de la organización y financiación de Comunidad Rusa se encuentran personalidades como el oligarca ultraortodoxo Konstantín Maloféyev. La BBC también les ha vinculado con Dmitri Pátrushev, hijo del ex director del FSB, Nikolái Pátrushev. Esta relación entre la ultraderecha y las autoridades rusas no es nueva, ya que desde hace años se ha observado una estrecha colaboración entre los grupos ultranacionalistas y el gobierno.
En este contexto, es importante destacar que la ultraderecha en Rusia no solo se limita a estos grupos, sino que también cuenta con una amplia red de influencia en los medios de comunicación y en la sociedad en general. La propaganda y la manipulación de la información han sido herramientas clave para la ultraderecha en su campaña para promover los valores tradicionales y el nacionalismo en Rusia.
La respuesta de la sociedad rusa a esta resurrección de la ultraderecha ha sido diversa, pero en general, muchos ciudadanos se sienten incómodos con la creciente intolerancia y xenofobia que caracteriza a estos grupos. La falta de una respuesta fuerte y unida por parte del gobierno y de la sociedad en general ha permitido que la ultraderecha siga creciendo y expandiéndose, lo que ha planteado serias preocupaciones sobre la seguridad y la estabilidad en el país.
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