Mundo

Carney tiene quince días para evitar que estalle una guerra comercial con EE.UU.

Carney busca frenar la escalada de aranceles antes del 8 de septiembre para salvaguardar la economía canadiense.

Carney tiene quince días para evitar que estalle una guerra comercial con EE.UU.

El martes 21 de agosto el presidente Donald Trump volvió a levantar la voz en la Casa Blanca, anunciando la imposición de aranceles a una serie de productos canadienses bajo el pretexto de frenar el tráfico de drogas y la migración irregular. A pocos días del anuncio, el gobierno de Canadá, encabezado por el primer ministro Mark Carney, dio la respuesta con una medida de represalia que suma 20.000 millones de dólares en aranceles a bienes estadounidenses, con vigencia a partir del 8 de septiembre.

El desencadenante de la disputa

Todo comenzó en febrero de 2025, cuando Trump decidió aplicar un gravamen a la frontera norte alegando razones de seguridad y desequilibrio comercial. La lista de reclamos se fue ampliando rápidamente: leche, humo de incendios forestales y hasta la supuesta “amenaza” de que Canadá se convirtiera en el estado 51 de EE.UU. La presión se volvió tan intensa que Carney optó por retirarse de un acuerdo comercial que, según el propio Trump, estaba “casi listo”.

Exigencias de Washington y la resistencia canadiense

Según Carney, Washington añadió cláusulas de último minuto: aranceles a camiones fabricados en Canadá, límites a tratados con terceros países y la exigencia de debilitar la protección del francés en Quebec. Los negociadores canadienses sostienen que esas condiciones son inaceptables para la soberanía del país y para la industria local.

En una economía que depende de que dos tercios de sus exportaciones lleguen al sur, la postura de Carney busca evitar una escalada que pueda ahogar la cadena de suministro integrada con EE.UU. Mientras Brasil puede diversificar sus ventas, Canadá tiene sus ingresos fuertemente atados al vecino de 32 billones de dólares.

Escenarios de una guerra comercial total

Si Trump mantiene su amenaza de aplicar un arancel del 50 % a automóviles, camiones y autopartes canadienses a partir del 1 de enero, el daño será profundo. Las empresas tendrían que buscar nuevos compradores en un mercado global ya saturado, y la inversión extranjera, tan necesaria para diversificar la economía, se vería frenada.

Los aranceles de represalia canadienses, aunque pensados como medida de equilibrio, podrían encarecer productos estadounidenses y provocar nuevas represalias. La lógica del “cambio de guante” no funciona cuando una de las partes cuenta con una economía trece veces más grande que la otra.

Opciones que tiene Carney antes del 8 de septiembre

Carney dispone de quince días para maniobrar. Una alternativa sería retirar o suavizar los aranceles de represalia, enfocándolos solo en sectores estratégicos como Michigan, que concentra gran parte del comercio bilateral y cuyas elecciones de medio término podrían influir en la política de Trump.

Otra vía es abrir una mesa de negociación directa, resaltando los costos a largo plazo de una confrontación que perjudicaría a ambos países. La presión de los sectores protegidos en EE.UU. es fuerte, pero el presidente sigue sin mostrar señales de ceder.

Impacto en la comunidad empresarial canadiense

Mientras tanto, la comunidad empresarial de Toronto y Vancouver observa con preocupación. La amenaza de una guerra comercial total no solo pone en riesgo la guita de exportadores, sino también la estabilidad de empleos vinculados a la cadena productiva norteamericana.

En definitiva, la movida de Carney será medida bajo la lupa: ¿logrará contener la furia de Trump sin sacrificar la integridad económica de Canadá? El reloj ya está corriendo.

Artículos relacionados

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Volver al botón superior