El cuerpo recuerda la obesidad: por qué el peso vuelve a subir y qué implica
La ciencia revela cómo la obesidad deja una marca celular que complica la pérdida de peso sostenida

El cuerpo recuerda la obesidad: por qué el peso vuelve a subir y qué implica
Investigaciones revelan marcas celulares que persisten después de adelgazar
Un par de estudios publicados este año demuestran que perder kilos después de haber sido obeso no es solo cuestión de voluntad; el organismo conserva una especie de “memoria” que frena la estabilidad del peso. La evidencia proviene de experimentos con ratones y de análisis de pacientes humanos que muestran alteraciones permanentes en células clave del tejido graso y del sistema inmune.
Los macrófagos adiposos mantienen la huella metabólica
Un equipo japonés indujo una pérdida de peso significativa en ratones y, al examinar el tejido adiposo, detectó que los macrófagos residentes modificaron su patrón de empalme de ARN mensajero (splicing). Esa variación no se normalizó al recuperar el peso. El proceso de splicing, esencial para que los genes produzcan las proteínas correctas, quedó alterado porque la proteína CWC22, pieza clave del mecanismo, disminuyó de forma permanente.
Al quedarse sin CWC22, más de la mitad de los genes que regulan los macrófagos siguieron desordenados, entre ellos el gen Scarb1, encargado de eliminar residuos celulares. El acúmulo de esos residuos redujo la producción de iosina, una molécula que estimula la lipólisis, o sea la quema de grasa. El efecto dominó terminó entorpeciendo la capacidad del cuerpo para volver a quemar grasa después de la dieta.
Cambios epigenéticos en los linfocitos T
Un estudio publicado en abril de 2026 amplió el panorama al analizar sangre de personas que habían perdido peso tras una época de obesidad. Los científicos observaron que la metilación del ADN de los linfocitos T, células centrales del sistema inmune, permaneció alterada hasta diez años después del adelgazamiento. La metilación no cambia la secuencia del ADN, pero sí la forma en que se lee, modificando la activación o silenciamiento de genes relacionados con la inflamación y el metabolismo.
Estos cambios epigenéticos explican por qué enfermedades asociadas a la obesidad, como la diabetes tipo 2 o ciertos cánceres, pueden reaparecer aun cuando la balanza indique cifras mejores. La constancia de la marca en humanos le da mayor peso a la hipótesis de que el cuerpo lleva una memoria biológica de la obesidad.
Repercusiones para los cordobeses
En la provincia de Córdoba la prevalencia de sobrepeso sigue superando el 60 % en adultos, según datos del Ministerio de Salud. Saber que el cuerpo guarda una huella celular ayuda a quitarle la culpa a quien lucha contra la balanza y a orientar a los profesionales de la salud hacia un acompañamiento multidisciplinario que incluya nutrición, actividad física y, cuando sea necesario, tratamientos farmacológicos que actúen sobre estos mecanismos.
Políticas públicas que fomenten entornos más saludables –como la ampliación de ciclovías, la regulación de la publicidad de alimentos ultraprocesados y la implementación de programas de educación nutricional en escuelas– pueden reducir la presión sobre un organismo que ya lleva una marca de la obesidad.
Perspectivas terapéuticas
Si los hallazgos en ratones se confirman en humanos, la próxima generación de fármacos podría apuntar a restablecer la función de CWC22 o a revertir la metilación aberrante de los linfocitos T. Mientras tanto, la clave sigue siendo combinar disciplina con un enfoque integral que reconozca la complejidad del organismo y evite la narrativa simplista de que perder peso es solo cuestión de fuerza de voluntad.
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