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Betty Ong: la azafata que disparó la primera alerta del 11‑S

La azafata que, con una llamada al centro de operaciones, dio la primera señal de los atentados del 11‑S.

Betty Ong: la azafata que disparó la primera alerta del 11‑S

El 11 de septiembre de 2001, a los 8 minutos de haber despegado del aeropuerto de Boston, la azafata Betty Ann Ong tomó el teléfono de la cabina y marcó al centro de operaciones de American Airlines en Cary, Carolina del Norte, con la frase que, en retrospectiva, se convirtió en la primera señal de los atentados que sacudieron a EE. UU.: «Creo que nos están secuestrando». En ese instante se encendió la alarma que, minutos después, cambiaría la historia.

La llamada que encendió la alerta

Durante veintitrés minutos, Ong describió con una serenidad que dejó perplejos a sus interlocutores los hechos que se desarrollaban en la cabina del vuelo 11. Indicó que dos compañeras habían sido apuñaladas, que un pasajero estaba herido, que la cabina de mando no respondía y que los viajeros de primera clase habían sido obligados a desplazarse hacia la parte trasera del avión. Con precisión anotó los números de asiento de tres de los secuestradores y los transmitió a Vanessa Minter, agente de reservas, quien tomó nota de cada detalle.

La conversación se interrumpió a las 8:44 a.m.; dos minutos después, el Boeing 767 impactó contra la Torre Norte del World Trade Center, cobrando la vida de los 92 ocupantes del vuelo. La información que Ong entregó en tiempo real fue, según la Comisión del 11‑S, fundamental para que las autoridades comprendieran que se trataba de un acto de terrorismo y no de una simple emergencia aérea.

Cómo se desarrolló la secuestración en el aire

El plan de los terroristas, liderado por Mohamed Atta, se puso en marcha apenas veinte minutos después del despegue. Los asaltantes apuñalaron a las azafatas Karen Martin y Barbara Arestegui, así como al pasajero Daniel Lewin. En la zona de primera clase rociaron lo que la Comisión describió como un agente irritante, posiblemente gas pimienta, y obligaron a los pasajeros a desplazarse al fondo del avión, donde estaba situada Ong.

Al intentar comunicarse con los pilotos mediante el intercomunicador, Betty no obtuvo respuesta y, por decisión propia, marcó a tierra. Su voz, firme y sin titubeos, informó que la cabina estaba en silencio, que había sangre y que el aire era difícil de respirar. La supervisora de operaciones Nydia González, quien tomó el relevo de la llamada, confirmó que Ong mantuvo la calma y entregó datos cruciales para la investigación posterior.

Otra voz que intentó avisar

Betty no estuvo sola en su intento de alertar al mundo. La azafata Madeline “Amy” Sweeney, también a bordo del vuelo 11, logró contactar al servicio de vuelo de American Airlines en Boston, conversando con el gerente Michael Woodward. Su intercambio de doce minutos complementó la información de Ong y aceleró la decisión de la Administración Federal de Aviación de cerrar el espacio aéreo nacional, una medida sin precedentes en la historia de la aviación civil.

El recuerdo de una heroína

El Museo y Memorial del 11‑S reconoce a Betty Ong como “la primera sirena de alarma que notificó a las autoridades que el país estaba bajo ataque”. En 2004, durante las audiencias de la comisión, se reprodujo por primera vez su grabación y el presidente Thomas Kean subrayó su coraje y abnegación. La familia Ong transformó el dolor en acción: el Centro Recreativo Chino de San Francisco pasó a llamarse Centro Recreativo Chino Betty Ann Ong y la Fundación Betty Ann Ong financia campamentos y programas de ayuda para jóvenes en Bakersfield.

Su nombre también quedó grabado en el Panel N‑74 del Memorial Nacional del 11‑S y en un mural del barrio North Beach de San Francisco, donde se celebra la contribución chino‑americana a la historia de EE. UU. En el registro final de la llamada, la voz de Betty repite la pregunta que quedó suspendida en el aire: «¿Están ahí?». Su hermano Harry asegura que, cada 11 de septiembre, la familia sigue escuchando esa pregunta y responde: «Aquí estamos, Betty».

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