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Canadá impone aranceles de US$20.000 millones y reaviva la guerra comercial con EE.UU.

Ottawa activa gravámenes de 15‑50% sobre acero, aluminio y lácteos, mientras Trump amenaza a Bombardier con prohibir sus aviones.

Este martes Ottawa puso en marcha un paquete de aranceles de represalia por alrededor de 27.600 millones de dólares canadienses (US$20.000 millones) sobre productos procedentes de Estados Unidos, marcando una nueva escalada en la disputa que lleva varios meses entre ambos países. Las nuevas tasas se dividen en tres franjas: 15%, 25% y 50%, y se aplican a sectores estratégicos como el acero, el aluminio y una serie de productos lácteos, entre ellos los quesos de alta gama que abastecen el mercado norteamericano.

Los sectores más afectados por los nuevos gravámenes

Los aranceles del 15% y 25% recae mayormente sobre la importación de acero y aluminio, mientras que la tarifa del 50% alcanza a una gama más amplia de lácteos, incluidos quesos premium, mantequilla y leche en polvo. En la fase inicial el gobierno canadiense retiró algunos pescados de la lista, pero la mayor parte del paquete sigue vigente, generando incertidumbre entre los productores de la zona de los Grandes Lagos y los granjeros del sur de Ontario.

Bombardier bajo presión: la amenaza de Trump a sus aviones

Al mismo tiempo, el presidente Donald Trump volvió a usar su cuenta de Truth Social para anunciar que bloqueará la venta de aviones de Bombardier Aviation en EE.UU. si la firma con sede en Quebec no traslada parte de su producción al territorio estadounidense. Bombardier respondió recordando que mantiene decenas de miles de empleos en más de veinte estados y que su cadena de suministro incluye alrededor de 2.800 empresas americanas que reciben más de US$2.500 millones al año. La amenaza de Washington pone en jaque una relación que, aunque tensa, sigue siendo estratégica para ambas partes.

Reacciones oficiales y clima diplomático

El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, intentó minimizar la situación calificándola de “no guerra” y subrayó la diferencia de tamaño entre los dos países, aunque su comentario sobre submarinos en un centro comercial de Edmonton provocó risas y críticas. Por su parte, el primer ministro canadiense, Mark Carney, denunció que Washington introdujo a último momento restricciones que atentan contra los acuerdos de Canadá con terceros y que incluso se hicieron referencias a la protección del idioma francés, algo que calificó de “indignante” y poco constructivo.

Antecedentes y riesgos para la economía canadiense

Los aranceles estadounidenses del 50% que motivaron la respuesta de Ottawa ya habían alcanzado al 5,5% de las exportaciones canadienses a EE.UU., tocando sectores emblemáticos como los palos de hockey y el cemento. Analistas advierten que, aunque el impacto macroeconómico sea moderado, la manufactura del centro de Canadá podría sentir una presión significativa, ya que gran parte de su producción está vinculada al mercado norteamericano. La dependencia comercial sigue alta: cerca del 60% de las importaciones y el 70% de las exportaciones canadienses provienen de Estados Unidos.

Más allá de lo económico: la disputa simbólica

La confrontación ha tomado tintes simbólicos. Trump firmó una orden para rebautizar el lago Ontario como “Lake America” y, en otras ocasiones, propuso cambiar el nombre del golfo de México a “Gulf of America”. Estas decisiones avivaron el patriotismo canadiense y pusieron de relieve la sensibilidad cultural que ambas naciones comparten. Mientras tanto, los negociadores siguen sin retomar el diálogo, suspendido desde el 21 de agosto, y la comunidad empresarial espera encontrar vías de solución que eviten un daño mayor a la cadena productiva de la región.

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