Incendios forestales en Europa: el desafío del siglo
El continente se enfrenta a una crisis ambiental sin precedentes debido a los incendios forestales

Europa se encuentra en medio de una crisis ambiental sin precedentes. Los incendios forestales que han azotado al continente en los últimos meses no son más que el comienzo de una tendencia alarmante que podría tener consecuencias devastadoras para el medio ambiente y la salud humana.
En Francia, por ejemplo, la superficie total quemada por incendios promedió unas 15 000 hectáreas al año entre 2006 y 2025. Sin embargo, el incendio al oeste de Burdeos que comenzó a fines de julio había arrasado casi el triple de esa superficie en apenas seis días. Esto no solo pone en peligro la biodiversidad del área, sino que también afecta la calidad del aire y la salud de los habitantes cercanos.
Mientras tanto, en España, feroces incendios se acercaron peligrosamente a Madrid, lo que llevó a la evacuación de más de 300 000 personas. Estos incendios podrían convertirse en los peores que Europa vea este verano, pero lo que es más preocupante es que no hay que darlo por hecho. Una serie de olas de calor ha dejado muchas zonas resecas e inflamables, y se esperan más altas temperaturas en el futuro.
La Unión Europea sufrió el incendio de más de un millón de hectáreas el año pasado, y este año podría batir ese récord. El continente se está calentando más rápido que ningún otro, y se espera que el riesgo de incendios aumente en más del 88 % de la superficie del planeta propensa a incendios. Esto traerá consigo más heroísmo, más políticos preocupados informados por bomberos cubiertos de hollín, más vidas trastornadas, más destrucción y miseria.
La mayoría de las muertes asociadas a los incendios forestales se deben a la inhalación de humo. Las partículas en suspensión que asfixiaron ciudades de Canadá y Estados Unidos a mediados de julio habrán cobrado cientos o miles de vidas. Se estima que el humo de los incendios en Indonesia causó la muerte de 100 000 personas en 2015, y es muy probable que este año se repita una situación similar.
La demanda de biocombustibles en un mundo con petróleo caro impulsa la agricultura de tala y quema, que es la raíz del problema. Un El Niño cada vez más intenso favorecerá las condiciones propicias para incendios en toda la región en los próximos meses, tal como ocurrió en 2015. Las proyecciones sugieren que las muertes por humo de incendios forestales alcanzarán los 1,4 millones anuales a finales de siglo.
La lucha contra incendios es como librar una guerra; si el enemigo ataca con mayor frecuencia y ferocidad, se necesita mayor fuerza. Por lo tanto, los lugares que antes no se sentían amenazados deben reforzar sus capacidades. También podrían considerar la incorporación de nuevas tecnologías, como satélites y drones, para detectar incendios casi al instante de su inicio.
Sin embargo, ser mejores combatiendo incendios no es suficiente. Los mayores beneficios provendrán de ser mejores previniéndolos y aprendiendo a convivir con sus efectos. Las exigencias de peligro y urgencia suelen implicar que la extinción de incendios consuma presupuestos destinados a la gestión del paisaje, la educación pública sobre cuándo filtrar el aire o cómo proteger una vivienda, etc.
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