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Italia, atrapada en una crisis histórica: 12 años sin Mundiales y una federación sumida en el caos

La Selección de Italia, una de las máximas potencias del fútbol mundial y cuatro veces campeona del mundo, atraviesa una de las crisis más profundas de su historia. La eliminación en el repechaje frente a Bosnia y Herzegovina dejó a la Azzurra fuera de su tercer Mundial consecutivo, una situación inédita para una selección acostumbrada a competir por los títulos más importantes.

El nuevo fracaso deportivo provocó una verdadera revolución dentro de la Federación Italiana de Fútbol (FIGC). Las críticas no tardaron en aparecer y el propio ministro de Deportes, Andrea Abodi, exigió públicamente la renuncia de las máximas autoridades de la entidad al considerar que el ciclo estaba agotado.

Las consecuencias llegaron rápidamente. Gabriele Gravina presentó su dimisión como presidente de la FIGC tras la frustrada clasificación mundialista y, pocos días después, los clubes eligieron como nuevo titular de la federación a Giovanni Malagò, quien venía de encabezar el comité organizador de los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina.

Con su llegada comenzó una reestructuración total del fútbol italiano. Sin embargo, la primera gran decisión de la nueva conducción terminó convirtiéndose en otro foco de conflicto.

Con la llegada de Giovanni Malagò a la presidencia comenzó una profunda reestructuración dentro de la FIGC. La prioridad de la nueva conducción era encontrar al entrenador que encabezara la reconstrucción de la Azzurra, y el primer nombre apuntado fue Pep Guardiola. Sin embargo, el español descartó la propuesta. Luego, la dirigencia realizó un intento por Carlo Ancelotti, quien también rechazó la posibilidad de asumir al frente del seleccionado italiano.

Ante esas negativas, los recientemente designados Paolo Maldini, como secretario deportivo, y Leonardo, en funciones de asesor deportivo, impulsaron la contratación de Andrea Pirlo, convencidos de que el campeón del mundo en Alemania 2006 era el perfil ideal para iniciar un nuevo ciclo. Incluso las negociaciones estaban avanzadas y existía un acuerdo de palabra para que asumiera hasta el Mundial de 2030.

Sin embargo, cuando trascendió que Pirlo mantenía un vínculo comercial como embajador global de la casa de apuestas rusa Fonbet, la operación quedó envuelta en una fuerte polémica política y social. La presión sobre la Federación Italiana terminó por frenar su designación y la FIGC decidió dar marcha atrás. Esa decisión generó un fuerte desacuerdo interno y terminó desencadenando la renuncia de Paolo Maldini y Leonardo, quienes entendieron que no contaban con la autonomía prometida para conducir el nuevo proyecto deportivo.

La intención inicial era designar como seleccionador a Andrea Pirlo, campeón del mundo en Alemania 2006 y una de las máximas figuras de la historia reciente del calcio. Incluso existía un acuerdo verbal para que asumiera al frente del seleccionado hasta el Mundial de 2030.

Pero la negociación se derrumbó antes de oficializarse. La polémica se desató cuando trascendió que Pirlo mantenía un vínculo comercial como embajador global de la empresa rusa de apuestas Fonbet, situación que generó un fuerte rechazo político y social debido al contexto internacional. La presión fue tal que la FIGC dio marcha atrás y decidió cancelar su contratación.

El propio exmediocampista rompió el silencio y lamentó que una decisión deportiva terminara envuelta en un debate político, asegurando que su amor por Italia no depende de ningún cargo y defendiendo su trayectoria dentro del fútbol italiano.

LAS RENUNCIAS DE MALDINI Y LEONARDO PROFUNDIZARON EL DESCONCIERTO

La frustrada llegada de Pirlo también provocó nuevas consecuencias dentro de la Federación. Paolo Maldini, designado recientemente como director deportivo, y Leonardo, quien se desempeñaba como asesor de la nueva gestión, decidieron renunciar apenas 16 días después de asumir al considerar que no contaban con la autonomía prometida para conducir el proyecto deportivo.

Ambos dirigentes habían impulsado con firmeza la contratación de Pirlo luego de las negativas de Pep Guardiola y Carlo Ancelotti, convencidos de que era el nombre indicado para iniciar una nueva etapa. Sin embargo, el cambio de postura de la dirigencia terminó debilitando el proyecto antes de ponerse en marcha y derivó en la salida de dos referentes históricos del fútbol europeo.

Con el panorama institucional completamente convulsionado, la FIGC volvió a quedar sin entrenador y sin conducción deportiva consolidada. Ahora, todas las miradas apuntan a Antonio Conte y Roberto Mancini, quienes aparecen como los principales candidatos para asumir el desafío de reconstruir a una selección golpeada, que busca recuperar el prestigio perdido y volver a un Mundial después de tres ausencias consecutivas, una marca impensada para una de las selecciones más grandes de la historia del fútbol.

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