Joven escandinava y candado triangular: el misterioso entierro antivampiro hallado en el norte de Polonia
Una sepultura de una joven escandinava revela temores antivampíricos en la Polonia del siglo XVII

Arqueólogos del Instituto de Arqueología de la Universidad Nicolás Copérnico desenterraron este lunes la llamada Tumba 75 en el cementerio del siglo XVII de Pień, al norte de Polonia. La sepultura contenía el cuerpo de una joven con una hoz de hierro clavada sobre el cuello y un candado triangular atado al dedo gordo del pie, una combinación que los especialistas identificaron como un ritual antivampírico.
Identidad de la joven y sus raíces escandinavas
Los análisis de ADN situaron a la mujer dentro del haplogrupo J1c2c1, una línea materna poco frecuente y de origen escandinavo. Los estudios isotópicos de sus dientes, sin embargo, mostraron que pasó la infancia en la zona de Pień, descartando una llegada tardía como extranjera. Tenía entre 17 y 19 años al morir y la datación por radiocarbono ubica su entierro entre 1620 y 1674, con una probabilidad del 52,6 %.
Un ajuar que habla de riqueza
Cerca del cráneo se hallaron hilos metálicos de plata y alambre dorado engarzados en un tocado de seda, materiales que en el siglo XVII costaban una fortuna. Ese conjunto sugiere que la joven provenía de una familia acomodada, rompiendo el estereotipo de que los rituales antivampíricos se aplicaban solo a los más desfavorecidos. La paradoja es que, pese a su estatus, la comunidad decidió tratar su cuerpo con símbolos de miedo.
Rituales antivampíricos: hoz y candado
La hoja curva de hierro quedó colocada con el filo apuntando a la garganta, mientras que el candado se fijó al pie izquierdo. En la bibliografía arqueológica, estos objetos se agrupan dentro de prácticas “antidemoníacas” usadas en Europa central y sudoriental para inmovilizar al muerto o impedir su regreso. Otros casos documentados incluyen decapitaciones, estacas de hierro o piedras pesadas sobre el cuerpo.
Una segunda intervención bajo tierra
El suelo interior de la fosa estaba revuelto, señal de que la tumba fue reabierta después del entierro inicial. Los huesos mostraron que alguien desplazó el brazo izquierdo y reinsertó la hoz cuando las articulaciones aún conservaban tejido blando. Esa manipulación indica que el temor hacia la fallecida persistió incluso bajo tierra, obligando a la comunidad a reforzar la protección.
Contexto del cementerio y posible origen protestante
El cementerio de Pień no aparece en mapas históricos y carece de cruces católicas, lo que apunta a una comunidad protestante. Además, estaba situado fuera del núcleo del pueblo y cerca de un cruce de caminos, una ubicación típica de los llamados “falsos cementerios”, destinados a personas temidas o rechazadas del ritual funerario convencional.
El estudio, liderado por Dariusz Poliński, combina arqueología, química, datación por radiocarbono, isotopía y genética para ofrecer una visión integral del caso. Más que un hallazgo visual, la investigación muestra cómo creencias populares, enfermedades y control social se entrelazaron en una comunidad que buscó ordenar la incertidumbre mediante objetos materiales sobre los cuerpos.
La Tumba 75 se suma a los cientos de entierros antivampíricos documentados en la Europa posmedieval, pero destaca por la escasez de estudios específicos sobre los siglos XVI‑XVIII. Cada nuevo hallazgo como este permite a los arqueólogos perfilar mejor quiénes fueron los verdaderos objetivos de estos rituales y qué temores colectivos los impulsaron.
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