Los 20 años de Messi en la Selección Argentina: debut fallido, finales perdidas, renuncia, regreso, gloria en Qatar y la última magia ante Inglaterra

La historia de Lionel Messi con la Selección Argentina llega a su fin este martes. El capitán cierra su extensa, complicada y gloriosa etapa con la “Celeste y Blanca” y el escudo de la AFA, que cambió tras la conquista de Qatar en el 2022, el día que Leo y compañía pasaron a la inmortalidad en un Mundial excelso.
Así mismo, las páginas y el vínculo de “Leo” con la Selección van más allá de aquel cotejo organizado para “abrocharlo” o la figura naciente en Países Bajos en el Mundial Sub 20. La historia tuvo sus golpeas y el autor de su guión, fue “maléfico”. En su primer episodio, el 17 de agosto del 2005, en su debut con la Mayor, no jugó más de un minuto.
A los 47 segundos de haber ingresado y en la primer pelota que tocó, se sacó la marca, el movimiento pareció golpear al defensor. El árbitro compró y le sacó roja directa. Como si fuera obra del destino, fue Lionel Scaloni el primero en quejarse con el árbitro y consolar al joven Lionel.
Pese aquel capítulo, José Pekermán lo consolidó en la Selección y lo llevó a disputar su primer mundial con tan solo 18 años. Los 19, los cumplió en aquella concentración y posterior a lo que fue su estreno en la red ante Serbia y Montenegro en el último partido de la Fase de Grupos de Alemania 2006, en su presentación en una Copa del Mundo.
En aquella competencia, como si fuera poco, dejó la primera foto icónica de Messi con la Selección. El día que no ingresó contra Alemania en cuartos de final, terminó con botines, sin canilleras, medias abajo y cara de desazón en el banco. Cuatro años después, la historia iba a ser tan distinta….
Con 19, casi 20, la con el “Coco” Basile al frente del combinado nacional y otras figuras internacionales, Leo la empezó a romper en la Copa América de Venezuela 2007. Fue el autor del gol para que su DT inmortalizara lo que hoy es meme: “Solo los genios hacen eso”. No todo fue color de rosas y la segunda “frustración” llegó en la final.
Brasil goleó 3-0 en la final y Messi se colgó la primera de las cinco medallas de plata que tiene con la “Albiceleste”. Su primera final perdida, aún sin el peso de la cinta.
En el medio, peleó con su club, donde ya era todo una figura, para ir a Pekín y jugar sus únicos Juegos Olímpicos en su carrera. Dirigidos por el “Checho” Batista, con la compañía de Riquelme y Mascherano como mayores, la rompió y empezó a gestar una sociedad que duró años con Ángel Di María. Dos goles y la asistencia en el partido final para el “Fideo” para colgarse la medalla de oro junto con otros integrantes que lo iban acompañar por varias etapas “frustradas”.
LA CINTA DADA POR DIEGO, LOS INSULTOS EN SU PAÍS Y EL PESO DE “LA PLATA”
En 2010, Messi ya ostentaba 2 balones de oro y buscó la hazaña con la Selección en el Mundial de Sudáfrica 2010 con Diego Maradona como DT. Fue el histórico futbolista argentino que frente a Grecia le dio la cinta de capitán para que no se la saque más.
Pese a ser bandera futbolística, llamativamente Leo se despidió de la Copa del Mundo sin marcar goles y siendo vapuleado por su primer verdugo en otra temporada. Alemania terminó con los sueños de todo un país, de Diego y el joven capitán, Lionel.
El “Checho” Bastista decidió sostener la ida de Maradona y en la Copa América 2011, disputada en nuestro país, sostuvo a Messi de capitán. Sin embargo, la película comenzó a ser de terror, catastrófica. En su país, como capitán y emblema, Messi fue insultado por su rendimiento, por “portar la cinta”, por “no cantar el himno” y por “ser más español que argentino”.
El Cementerio de los Elefantes fue el último escenario que vio a Leo en aquella competencia. En silbidos e insultos se fue el rosarino bajo la mirada caliente de Jorge, su papá, que no entendía tanto escarnio contra ya una figura mundial.
Al guionista de la historia le gustó esa parte y siguió. Messi la rompía en Barcelona, pero no conseguía repetirlo con la “Albiceleste”. Y llegaron las frustraciones que terminó con una frase que movilizó al país, su renuncia. Antes, con Sabella y siendo cuestionado por la Eliminatoria realizada, llegó la Copa del Mundo de Brasil 2014, donde fue el mejor futbolista del certamen, pero se colgó la segunda medalla de plata, la primera como capitán. Otra icónica foto que se volvió carne y “motivación”.
Sin Alejandro y con Martino, la historia no pudo cambiar. Messi disputó dos finales consecutivas de Copa América -tres sumando la del Mundial- y la medalla de plata se volvió pesadísima. Frustración en Chile 2015 y contra el mismo rival en Estados Unidos 2016 en la Copa Centenario, donde falló su penal y decidió renunciar al combinado nacional.
La foto se repetía una y otra vez, “Leo” y la Copa. La plateada. Y para desviar el foco de críticas, tomó el micrófono y revolucionó el país: “No es para mí. Lo intenté y no se dio”. La cadena nacional se convirtió en una ola de pedidos de disculpas y de regresos en medio de un caos en AFA, en los que tuvo su injerencia al pagarle sueldo a empleados cuando nadie se lo pidió.
EL REGRESO, EL GOLPE DE RUSIA Y SU PASO A LA INMORTALIDAD
Nunca la dejó de romper y marcar récord. El “Patón” Bauza lo convenció de volver a la Selección. Lo hizo con gol en el clásico contra Uruguay en Mendoza antes de otro fatídico ciclo en el que fue bandera, emblema y capitán.
Con Sampaoli en el banco, se calzó la capa, clasificó a la Selección en Ecuador con tres goles y en el Mundial de Rusia, le dio vida con su gol a Nigeria y posterior asistencia a Rojo. No había más para dar. El golpe que cambió el rumbo absoluto del combinado nacional. Otra dirigencia y la apuesta a un excompañero de Lionel, el primero en consolarlo en aquella primera expulsión y el primero en abrazarlo tras su debut goleador en Alemania 2006: Lionel Scaloni.
Se fueron aquellos a los que tildaron “el club de amigos”. Se forjó una Selección a su alrededor y la historia del guión cambió, aunque antes había que conseguir un bronce, en la Copa América de Brasil, donde se plantó frente a la CONMEBOL. Capitán, 10, bandera. Se gestaba la epopeya.
Años después, la pandemia cambió planes. Volvió a llevar la Copa América a Brasil y en una especia de revancha, con varios de los jugadores que lo tenían de ídolo y debieron descolgar el poster, con sus compañeros y socios de siempre -Fideo y Ota- llegó la alegría y el primer trofeo como capitán. En el Maracaná, celebró y levantó la primera de sus dos Copas continentales. Goleador, figura, bandera y capitán de los jovenes y nuevos laderos.
En las Eliminatorias se floreó. Llegó la Finalissima. Segundo trofeo como líder. La antesala al paso a la inmortalidad. Llegó Qatar y, como parte de su historia de resiliencia, se repuso del golpe de Arabia y Saudita. Junto a los suyos, sacó la capa y decidió con México empezar a ganar él su Copa del Mundo, la que el fútbol le debía. Brilló. Fue el mejor. La ganó y la levantó.
“Messi ahora se sienta en la mesa de los dioses, la de Pelé, Maradona y otros grandes”, decía el relato de un inglés emocionado por Leo. Eso generó en el Mundo. Su beso a la dorada fue la más linkeada en Instagram, otro récord. Paso a la inmortalidad.
El guión era ideal y fue por más. En medio de unas eliminatorias brillantes y en las que la Selección con él como figura ganaba, llegó la Copa América 2024, su última competencia continental, junto con su socio eterno, el Fideo. La lesión lo marginó de la final, pero levantó el trofeo con los de la “Vieja Guardia”. Bicampeón y 6 copas en el hombro.
SU ÚLTIMO GRAN TANGO NO TUVO EL FINAL ESPERADO
Fue este 2026, que la hermosa historia terminó como en gran parte fue. Messi y la dorada. Lo que cambió fue el reconocimiento. Con 39 años, jugó sin dudas su mejor mundial. Todo esto, en medio de un complejo momento familiar con su pilar -Jorge Messi- atravesando una dura enfermedad.
El partido de más terminó complicando a una Selección que debió jugar varios tiempos suplementarios. Pero Messi también tuvo su partido consagratorio con Inglaterra, como el Diego. No marcó, pero fue fundamental. Bandera. Y se despachó con las dos asistencias para los dos goles, primero de Enzo y después en una jugada individual para tirar un centro de derecha para el cabezazo del “Toro”. Película divina con él sentado y mirando a todo un tribuna -pueblo- celebrando.
El capitulo final de la historia fue el más triste. España con los que “Leo” crió en Barcelona, derrotó a Argentina en tiempo suplementario y el centro final no alcanzó. Se sacó su armadura en el MetLife, donde había renunciado. Lloró frente a su público y se despidió para siempre de las competencias mundiales, con la de plata colgada. Esta vez no se la sacó, la miró, la portó y dijo adiós en silencio. Como todo comenzó. El resto fue épico, la carta, el escrito, la confesión. Hoy, la despedida no es solo de 80 mil personas en el Estadio, es de un país entero.





