Venezuela en la Encrucijada: Terremotos y Crisis Política
La crisis política y el terremoto han dejado a Venezuela al borde del colapso, pero puede ser un momento para la reconstrucción y el cambio.

Venezuela enfrenta uno de los momentos más críticos de su historia. Los recientes terremotos que azotaron al país el 24 de junio han dejado un saldo de 1.430 fallecidos y 3.238 heridos, pero esta tragedia es solo la punta del iceberg de una crisis que se arrastra desde hace décadas.
La institucionalidad del país ha estado en ruinas, producto de la polarización, el autoritarismo y la crispación política que han caracterizado la escena política venezolana. La caída del gobierno de Nicolás Maduro, luego de ser capturado por fuerzas especiales de Estados Unidos el 3 de enero, ha llevado a que Delcy Rodríguez se haga cargo de la Presidencia de la República.
La oposición, liderada por figuras como María Corina Machado, exige elecciones para restituir la soberanía popular y el orden constitucional. La comunidad internacional estima que las pérdidas materiales provocadas por el doblete sísmico ascienden a 6.700 millones de dólares, lo que agrega más presión sobre un país ya devastado por la crisis económica y política.
Ante esta realidad, expertos como el economista Asdrúbal Oliveros coinciden en que la reconstrucción de Venezuela requiere algo más que recursos financieros o asistencia internacional. Es necesario un liderazgo con legitimidad democrática y capacidad para construir consensos. Oliveros enfatiza que el país necesita diseñar una hoja de ruta que permita alcanzar acuerdos políticos amplios, conducir a un gobierno elegido democráticamente y dotarlo del respaldo necesario para impulsar las reformas económicas e institucionales que la recuperación demanda.
El sociólogo Leonardo Vivas opina que sería un momento ideal para llamar a una conversación abierta entre el gobierno provisional y la Plataforma Unitaria, de la mano de Estados Unidos, para acelerar los cambios institucionales. Días antes del terremoto, la administración de Donald Trump había impulsado la instalación de una mesa de negociación entre el régimen chavista y una delegación de la oposición, lo que podría servir como hoja de ruta para un diálogo político sobre una transición democrática.
Venezuela se encuentra en la peor situación posible, pagando con creces la destrucción de más de dos décadas que desvencijaron la acción pública. El gobierno de la presidenta encargada Delcy Rodríguez solo atiende a los designios de la Casa Blanca para mantenerse en el poder, mientras que gran parte del liderazgo político y social está desmovilizado o en el exilio, con poca capacidad para aunar fuerzas con quien sea para ayudar a sobrellevar esta enorme calamidad.
La líder de la oposición, María Corina Machado, no ha podido regresar a Venezuela debido a la persecución del chavismo. En las últimas horas, han corrido versiones que afirman que Machado presiona a Estados Unidos para que facilite su retorno, un movimiento que Washington no consideraría conveniente. El drama del terremoto del 24 de junio encontró a Venezuela desamparada, con mecanismos públicos y organizaciones de voluntarios y privadas en un estado de postración total.
La situación es crítica y requiere una respuesta inmediata y coordinada. La comunidad internacional debe unirse para apoyar a Venezuela en este momento de necesidad, pero también es fundamental que el país mismo tome medidas para reconstruir su institucionalidad y avanzar hacia una transición democrática. La historia de Venezuela es compleja, y su futuro es incierto, pero una cosa es clara: el país necesita un liderazgo fuerte y legítimo para superar la crisis actual y construir un futuro mejor para sus ciudadanos.
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