Fue campeón del fútbol argentino, pasó por Europa y sigue jugando a los 42 años

El paso de los años parece no hacer mella en la voracidad ofensiva de Joaquín Larrivey, un auténtico trotamundos del gol que, a sus 42 abriles, se niega a colgar los botines. Nacido en Gualeguay, Entre Ríos, el experimentado atacante surgido de las raíces de la Liga Profesional de Fútbol (LPF) mantiene encendido su romance con las redes en el fútbol chileno defendiendo los colores de Deportes Concepción.
Lejos de ser una figura decorativa, el Bati atraviesa un presente formidable que ratifica su vigencia: acumula 14 tantos en 32 presentaciones sumando los frentes de liga y copas, erigiéndose como la principal carta de gol de un equipo que pelea en los puestos de vanguardia.
Desde su arribo a la institución en febrero de 2025, el delantero construyó un vínculo inquebrantable con la hinchada a base de festejos y liderazgo. Con un registro total que supera los treinta gritos en casi ochenta partidos, su jerarquía dentro y fuera del campo le valió no solo el cariño incondicional de los simpatizantes, sino también la responsabilidad de portar la cinta de capitán. Lo verdaderamente llamativo es cómo este nivel competitivo se sostiene intacto cuando ya transitó más de diez temporadas desde su despedida definitiva de los principales escenarios del fútbol argentino.
LA CARRERA DE JOAQUÍN LARRIVEY
Los primeros destellos de su calidad goleadora se vieron en el Huracán, donde se transformó en el nueve titular del recordado equipo de Antonio Mohamed que logró el ansiado ascenso a la máxima categoría en 2007 tras superar a Godoy Cruz.
Sus buenas actuaciones llamaron la atención del fútbol europeo, propiciando su transferencia al Cagliari de la Serie A de Italia. Tras una etapa inicial de adaptación en el Calcio, regresó brevemente a la Argentina para vestir la camiseta de Vélez Sarsfield, consagrándose campeón del Torneo Clausura 2009 bajo la conducción técnica de Ricardo Gareca.
Su recorrido internacional continuó con pasos por Colón de Santa Fe, Atlante de México y el Rayo Vallecano de España. Sin embargo, su consagración total en el viejo continente llegó en el Celta de Vigo dirigido por Eduardo Berizzo, donde se convirtió en la gran pesadilla de las defensas de La Liga.
En el club gallego dejó noches inolvidables, como su histórico gol agónico para vencer al Barcelona en el Camp Nou y sus rachas goleadoras en Balaídos que lo metieron de lleno en el corazón de la hinchada celeste.
Tras una escala exótica en el fútbol de los Emiratos Árabes Unidos defendiendo al Baniyas, el delantero cruzó la cordillera para escribir capítulos dorados en la Universidad de Chile, club en el que brilló como goleador antes de sumar experiencias en el ascenso italiano con el Cosenza y el Südtirol.
Su posterior regreso al fútbol chileno lo encontró liderando el ambicioso proyecto de Magallanes y, más recientemente, consagrándose como la gran figura en la histórica campaña de Deportes Concepción.





