El teniente Lev Stupnikov: de la academia de San Petersburgo al operativo que dejó más de 300 bajas a Rusia
De la academia de San Petersburgo al operativo que costó más de 300 vidas a Rusia, la historia de Lev Stupnikov.

El teniente Lev Stupnikov, de 26 años, entregó a la inteligencia ucraniana coordenadas, planes de combate y movimientos de tropas que permitieron neutralizar a más de 300 soldados rusos cerca de Vuhledar, en el este de Ucrania, antes de desertar en julio de 2024.
El comienzo de la traición
Graduado en la academia militar de San Petersburgo, Stupnikov recibió su comisión en abril de 2022, apenas dos meses después de que Moscú lanzara la invasión a gran escala. Los bombardeos a ciudades ucranianas y los comunicados oficiales que anunciaban “liberaciones” encendieron en él una aversión profunda al conflicto. Su madre, Tatiana Yantsen, había abandonado el discurso del Kremlin y participó en protestas contra Putin, temiendo que su único hijo fuera enviado al frente.
En febrero de 2024 la madre contactó a Dmytro Karpenko, programador que colaboraba con la inteligencia militar ucraniana. A través de WhatsApp, Stupnikov le pasó su nombre, rango, unidad y ubicación. Karpenko había puesto sobre la mesa pagos de 250.000 rublos (cerca de 2.700 dólares) por información útil, pero el teniente dejó claro que no buscaba dinero, solo evitar más sangre.
Los ataques que cobraron cientos de vidas
El primer golpe se dio durante un entrenamiento ruso previo a una ofensiva sobre Vuhledar. Stupnikov envió las coordenadas de un campo donde se concentraban entre 120 y 150 efectivos, médicos y oficiales. En cuestión de segundos, Ucrania lanzó una lluvia de misiles que dejó 68 muertos y 60 heridos, entre ellos el coronel Gusein Musayev, comandante de la 36ª Brigada Separada de Fusileros Motorizados de la Guardia.
Como jefe de comunicaciones del batallón, el teniente tenía acceso a frecuencias de radio, cámaras de vigilancia y transmisiones de drones. Con esa información siguió alimentando a los enlaces ucranianos, lo que desencadenó nuevos ataques: en marzo una reunión de la brigada fue bombardeada, y en mayo un sótano de un antiguo hotel donde se alojaban dos unidades de asalto fue alcanzado, dejando 20 muertos, incluido un capitán.
La captura y la fuga
En junio un comandante ruso describió al infiltrado como “un Stierlitz entre nosotros”. Stupnikov, sin querer, compartió la ubicación de su propio refugio subterráneo y la zona fue golpeada por una explosión. A fines de mayo estuvo a punto de morir por ese error.
El 6 de julio de 2024 cruzó la línea del frente sin armas, guiado por un dron ucraniano entre minas y vehículos destruidos. Tras una caminata de cuarenta minutos, tres soldados de la 72ª Brigada ucraniana le apuntaron; él respondió con la contraseña pactada: “Tienda de cacahuetes”.
Nuevo rol dentro del Cuerpo de Voluntarios Rusos
Una vez en territorio controlado por Kiev, entregó un teléfono con claves de acceso a canales de comunicación que permitieron a Ucrania observar en vivo una docena de drones y cámaras rusas durante meses. Fue incorporado al Cuerpo de Voluntarios Rusos, una unidad del Ejército ucraniano compuesta por ciudadanos rusos opuestos a Putin, dirigida por Denis Kapustin. Kapustin le advirtió que su ingreso sería definitivo durante la guerra; dos días después, Stupnikov aceptó.
Repercusiones familiares y el futuro
Su esposa Liza, que vivía en Borzya, localidad del Lejano Oriente vinculada a la 36ª Brigada, rechazó reunirse con él, diciendo: “Este era tu sueño, no el mío”. En febrero de 2025, Tatiana Yantsen y su otra hija Alisa abandonaron Rusia rumbo a Moldavia, bajo la excusa de un breve viaje. Desde allí cruzaron a Ucrania y se reencontraron con Stupnikov en Kiev, cerrando una saga que comenzó en una academia militar y terminó en una cruzada contra el propio Estado ruso.
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