La economía japonesa enfrenta desafíos en su crecimiento débil
La economía japonesa enfrenta desafíos en su crecimiento débil, con una desaceleración significativa en el segundo trimestre y una presión sobre el yen.

La economía japonesa enfrenta desafíos en su crecimiento débil
La economía de Japón ha registrado un crecimiento del 0,3% en el segundo trimestre, lo que supone una desaceleración respecto al 0,5% del trimestre anterior y también por debajo de las expectativas de los analistas, que preveían un crecimiento del 0,5%. Esta desaceleración se debe en gran medida a la caída de la inversión de capital y al estancamiento del consumo privado.
En términos anualizados, el producto interno bruto (PBI) de Japón aumentó un 1,1% entre abril y junio, lo que representa una desaceleración significativa respecto al 1,9% del primer trimestre y al 2% que se esperaba según una encuesta realizada por Bloomberg. La inversión de capital cayó por debajo de las expectativas del mercado, mientras que el consumo privado se mantuvo estable y no logró el crecimiento esperado.
El economista Taro Saito, del Instituto de Investigación NLI, manifestó que las cifras del PBI son peores de lo esperado, destacando la debilidad tanto del consumo como de la inversión de capital. Saito atribuyó el crecimiento no a una economía sólida, sino a una disminución de las importaciones, especialmente de petróleo, cuya importación se ha visto dificultada por problemas en el estrecho de Ormuz. Esto ha generado un efecto de alivio en la factura de importaciones de Japón, pero también ha aumentado la presión sobre el yen, que ha perdido cerca de la mitad de las ganancias obtenidas después de una intervención conjunta histórica de Estados Unidos y Japón en el mercado cambiario el mes pasado.
La depreciación del yen también ha beneficiado a los grandes exportadores japoneses. Por ejemplo, Toyota citó este factor cuando elevó sus previsiones de beneficios el 4 de agosto. Sin embargo, los datos sobre el crecimiento económico podrían afectar las expectativas sobre la política monetaria del Banco de Japón, que esperaba elevar las tasas de interés ante la aceleración de la inflación en la cuarta economía mundial. El economista Taro Kimura, de Bloomberg Economics, afirmó que las cifras económicas debilitan el argumento a favor de una suba de tasas en septiembre, una medida que los mercados habían comenzado a descontar cada vez más.
En paralelo, el Gobierno de la primera ministra Sanae Takaichi enfrenta el impacto de los mayores precios. Los dos antecesores de Takaichi perdieron apoyo por el descontento generado por la inflación. El Gobierno ha ampliado las ayudas a los votantes después de un amplio paquete de estímulo aprobado a fines de 2025 y de importantes rebajas fiscales sobre la energía. A principios de este año, su administración aprobó nuevas ayudas. El mes pasado, el Gobierno anunció que reduciría el impuesto al consumo sobre los productos alimenticios del 8% al 1% a partir de abril.
El gasto nominal del Gobierno aumentó un 5,4% interanual, el mayor incremento desde 2021. Para Marcel Thieliant, de Capital Economics, este dato fue el mayor desde 2021 y sugiere que las políticas fiscales expansivas de Takaichi están empezando a tener un impacto. Thieliant calificó el crecimiento como decente y señaló que el Gobierno todavía limita el traslado de los mayores precios de la energía, por lo que esta situación debería mantenerse durante la segunda mitad del año. Esto sugiere que, a pesar de los desafíos, la economía japonesa podría experimentar un crecimiento más estable en el futuro, aunque dependerá de cómo se manejen los factores mencionados y de las decisiones políticas que se tomen.
En resumen, la economía japonesa enfrenta desafíos en su crecimiento débil, con una desaceleración significativa en el segundo trimestre y una presión sobre el yen que ha generado un impacto en la factura de importaciones y en la política monetaria del Banco de Japón.
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