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Charles‑Émile Reynaud, el pionero del dibujo animado que tiró sus películas al Sena

Del brillante debut de 'Pauvre Pierrot' al triste final de su obra en el Sena.

Los primeros pasos del cine

El 28 de octubre de 1892, el inventor francés Charles‑Émile Reynaud proyectó Pauvre Pierrot ante un público asombrado en el Salón del Automóvil de París. Fue la primera vez que una historia se dibujó a mano y se vio cobrar vida en una pantalla, marcando el nacimiento del dibujo animado mucho antes de que el cine se consolidara como espectáculo masivo.

Reynaud y el Praxinoscopio

Reynaud había desarrollado en 1877 el Praxinoscopio, un dispositivo que sustituyó al zoótropo al colocar un espejo en el centro de una rueda de imágenes. Cada dibujo se reflejaba en el espejo, ofreciendo una visión más estable y brillante. Con esa base tecnológica, adaptó el mecanismo a una lámpara de arco y a una pantalla, creando la primera proyección de animación conocida.

El estreno de “Pauvre Pierrot”

El corto, de apenas 30 segundos, mostraba al triste personaje de Pierrot intentando escapar de una sombra que lo perseguía. La audiencia, acostumbrada a ver la realidad capturada por los hermanos Lumière, quedó fascinada al reconocer que el movimiento podía nacer del lápiz y la imaginación. La prensa de la época describió la proyección como “un milagro de la luz y el trazo”.

El ocaso de un visionario

El éxito inicial no bastó para sostener a Reynaud frente a la avalancha de películas reales que los Lumière y, poco después, los hermanos Méliès ofrecían. Sin respaldo financiero y con la industria orientándose cada vez más hacia la captura de la vida cotidiana, el inventor se encontró aislado. Los ingresos disminuyeron y los salones dejaron de programar sus funciones.

El gesto desesperado

Agobiado por la falta de público y la presión económica, Reynaud tomó una decisión dramática: arrojó sus rollos originales al Sena, como si quisiera borrar el rastro de una carrera que ya no le pertenecía. Ese acto simbólico quedó grabado en la memoria colectiva como la imagen de un genio que vio su obra desaparecer bajo el agua. Poco después, la crisis mental lo llevó a un internado psiquiátrico, donde pasó sus últimos días alejado del reconocimiento que una vez disfrutó.

Legado que perdura

Aunque su nombre quedó relegado durante décadas, la influencia de Reynaud resurge cada vez que se habla de animación. El principio del Praxinoscopio anticipó la técnica de fotogramas sucesivos que hoy sostienen la industria que genera miles de millones de pesos en Argentina y el mundo. Museos de cine y festivales de animación honran su contribución, recordando que la fantasía puede nacer del trazo de un lápiz tanto como de la luz de una cámara.

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