El agujero de ozono sobre la Antártida registra su mínima extensión en dos décadas
El déficit de ozono sobre la Antártida se redujo a su nivel más bajo en dos décadas, gracias a fenómenos atmosféricos y políticas internacionales.

El agujero de ozono sobre la Antártida registra su mínima extensión en dos décadas
Según el Boletín de Ozono y UV de la Organización Meteorológica Mundial, en septiembre de 2025 la zona de déficit de ozono sobre la Antártida se redujo a 36,7 millones de toneladas, un 25 % menos que el promedio histórico de 1990‑2010. El dato, publicado esta semana, muestra que el agujero es uno de los más pequeños de los últimos veinte años.
Vientos y calor estratosférico frenaron la destrucción
El informe atribuye la contracción a una serie de ondas atmosféricas que, a mediados de septiembre, calentaron rápidamente la estratosfera antártica inferior. Ese aumento de temperatura, sumado al debilitamiento precoz del vórtice polar, impidió que el aire frío y seco siguiera consumiendo ozono, limitando la zona de déficit.
El Protocolo de Montreal y la Enmienda de Kigali siguen dando frutos
Los científicos recalcan que la recuperación no es casual. La eliminación progresiva de los clorofluorocarbonos (CFC) tras el Protocolo de Montreal de 1987 y la ampliación de ese marco en la Enmienda de Kigali, que reduce los hidrofluorocarbonos (HFC), siguen marcando la diferencia. Hasta la fecha, 174 países han ratificado la enmienda, reforzando el compromiso global con la atmósfera.
El hemisferio norte registra mayor radiación UV
Mientras la Antártida muestra una mejoría, el hemisferio norte experimentó un aumento de la radiación ultravioleta en varias regiones europeas. Las dosis anuales superaron en hasta un 20 % los valores de 1995, no por el agujero de ozono, sino por la reducción de la cobertura nubosa y la caída de aerosoles que antes atenuaban la radiación solar.
Implicancias para la salud y la sociedad
El mayor nivel de UV eleva el riesgo de cáncer de piel y otras afecciones dermatológicas. Estudios citados en el boletín indican que la carga mundial de cáncer cutáneo inducido por UV creció de forma significativa entre 1990 y 2021, sobre todo en países de ingreso medio. Asimismo, el documento destaca avances en los sistemas de medición del ozono y la radiación UV, que permiten detectar con mayor precisión emisiones prohibidas, como el CFC‑11 identificado en 2018.
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