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La caída económica de China: ¿La Inteligencia Artificial puede frenar el declive demográfico?

La economía china enfrenta un declive económico y demográfico, y la Inteligencia Artificial no parece ser la solución.

La caída económica de China: ¿La Inteligencia Artificial puede frenar el declive demográfico?

La economía china ha estado experimentando un lento retroceso en los últimos años, a pesar de los números impresionantes y los datos oficiales que intentan maquillar esta realidad. El peso de la deuda, la crisis inmobiliaria, la declinación etaria de su fuerza productiva y un estado cada vez más restrictivo de las libertades individuales han generado una encerrona económica y un clima de negocios negativo que preocupa a las autoridades del régimen.

Una de las apuestas de Beijing para frenar este declive es la Inteligencia Artificial (IA). Sin embargo, desde 2021, cuando alcanzó su punto más alto, el peso de la economía china en el producto bruto mundial ha caído del 18% al 16,5%. Además, la salida de capitales aumenta pese a las medidas que intenta el poder central. La participación de Estados Unidos en la economía mundial, por otro lado, se ha alejado en términos económicos, pese a las patinadas inflacionarias producto del precio del petróleo.

La tesis central es que el avance chino en IA no alcanza para compensar debilidades más profundas. Incluso con cifras oficiales, la economía sigue presionada por el encogimiento demográfico, el aumento del endeudamiento, el quiebre del mercado de la vivienda, el regreso de un Estado regulador más intervencionista y la consecuente fuga de personas y dinero. La inversión en IA podría ver un límite en su expansión y desarrollo, y las empresas pioneras de Estados Unidos advirtieron del robo de sistemas a partir de un proceso de “destilación”.

La población china también ha tocado su techo en 2021. El año pasado, los nacimientos cayeron a un mínimo histórico y las muertes llegaron a un máximo histórico, mientras la población en edad de trabajar va camino a reducirse en 75 millones por década durante este siglo. China ya no es el país más poblado del mundo: su reinado quedó en manos de India, que continúa creciendo de manera sostenida y restándole fuerza laboral a su histórico rival. En tercer lugar está Estados Unidos, cuya fuerza laboral crece empujada -históricamente y sobre todo- por la inmigración.

Los problemas estructurales exceden el ciclo tecnológico. En los últimos cinco años, el déficit ampliado de China, que incluye gasto extrapresupuestario, llegó a casi 15% del PBI, más que en cualquier otra gran economía, y empujó la deuda pública ampliada a 135% del producto. La carga total es todavía mayor si se suma el sector privado. La deuda total ronda 350% del PBI, un nivel superior al de Estados Unidos pese a que China tiene un ingreso per cápita mucho menor.

La proporción de inmigrantes en la población permanece en apenas 0,1%, una fracción del nivel de India, que tiene una población comparable a la china aunque en ascenso. El número de expatriados occidentales que viven en China cayó de manera marcada. Uno de los grandes motivos es la preocupación de las grandes multinacionales a las represalias del régimen contra sus empleados y ejecutivos.

La preocupación del régimen conducido por Xi Jinping para llenar ese vacío laboral con IA es entendible, aunque se muestre insuficiente. La copia permanente de modelos superiores tampoco parece ser la respuesta apropiada a una economía que cruje más allá de sus narrativas. La economía china sigue presionada por el encogimiento demográfico, el aumento del endeudamiento, el quiebre del mercado de la vivienda, el regreso de un Estado regulador más intervencionista y la consecuente fuga de personas y dinero.

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