Potencias medianas reconfiguran su espionaje frente a Rusia y China
Las naciones de tamaño medio rediseñan sus estructuras de inteligencia para enfrentar a Rusia, China y Corea del Norte.

El 23 de febrero de 2022 Bruno Kahl, entonces jefe del servicio de inteligencia exterior de Alemania, llegó a Kiev convencido de que Moscú no tenía planes de atacar. En la madrugada del día siguiente, los bombardeos rusos sobre la capital ucraniana obligaron a una evacuación caótica; Kahl salió entre una marea de refugiados que se dirigían a Polonia. Ese episodio dejó al descubierto la debilidad de los servicios de inteligencia europeos para anticipar una invasión de tal magnitud.
El fracaso que impulsó una reforma profunda
El desastre de Kiev no fue un hecho aislado. En Francia, la inteligencia militar también se equivocó y el general Eric Vidaud renunció tras la misma falla. Tanto Alemania como Francia habían confiado en alertas de Washington y Londres que no pudieron corroborar por sus propios medios. La lección fue clara: las democracias de tamaño medio deben dejar de depender exclusivamente de información externa y crear estructuras capaces de generar sus propias señales de alerta.
Japón construye un aparato de espionaje desde cero
Después de la Segunda Guerra Mundial, Japón perdió gran parte de su tradición de espionaje; sus agentes apenas podían operar fuera del país y la información se manejaba en papeles. Este verano el gobierno lanzó el Consejo Nacional de Inteligencia y la Oficina Nacional de Inteligencia, siguiendo el modelo australiano, para centralizar datos de fuentes humanas y técnicas. El objetivo es una agencia exterior con plenas facultades y una legislación que le permita contrarrestar a China, Rusia y Corea del Norte, pese a la resistencia heredada de la época imperial.
Alianzas y nuevas capacidades en Europa
En Berlín, el Parlamento debatirá reformas que permitirán al BND hackear a adversarios y emplear “medios cinéticos” sin dañar personas, una medida que el exfuncionario Gerhard Conrad describió como pasar de “vegetarianos a flexitarianos”. Por su parte, Suecia, que también subestimó la invasión rusa, está creando una nueva agencia civil de inteligencia exterior que empezará a operar el próximo año, con la intención de combinar fuentes secretas, comerciales y públicas para ampliar su alcance, según declaraciones de Carl Bildt.
Canadá y los Países Bajos buscan agilidad institucional
En Ottawa, un comité parlamentario evalúa la necesidad de una agencia de espionaje exterior después del asesinato de un activista sij atribuido a la India y la presión de Trump para excluir a Canadá de la alianza Five Eyes. Mientras tanto, los Países Bajos ya fusionaron en 2002 la inteligencia nacional y exterior bajo la AIVD y ahora planean otorgarle un mandato anual para actuar contra “oponentes evidentes” sin autorización previa, una ventaja que la directora Simone Smit califica como “agilidad propia de un país pequeño”.
Cooperación europea bajo la sombra de EE.UU.
Los servicios de inteligencia europeos afirman que la colaboración entre ellos ha alcanzado niveles sin precedentes. Nicolas Lerner, jefe de la DGSE, destaca la integración de equipos centrados en Rusia, apodados “Russia House”. Sin embargo, la desconfianza persiste: la breve suspensión del intercambio de inteligencia con Ucrania por parte de Donald Trump y los temores de que EE.UU. pueda volverse una amenaza directa obligan a los aliados a contemplar planes de contingencia. Expertos como el exoficial David Gioe advierten que, si la cooperación se rompe, Europa perdería más que la ayuda estadounidense.
Hacia una alianza europea de inteligencia
En medio de estas transformaciones surge la idea de una alianza europea de inteligencia similar a los Five Eyes. Finlandia ya propuso un servicio de cooperación a nivel de la UE y Alemania y los Países Bajos han pedido una versión europea de esa red. La dificultad radica en que compartir secretos a fondo requiere confianza que, históricamente, solo los países angloparlantes han logrado consolidar.
El mensaje que queda claro es que, ante una Rusia agresiva, una Corea del Norte nuclear y una China en expansión, las potencias medianas ya no pueden permitirse el lujo de observar desde la periferia. Están construyendo capacidades propias, reforzando alianzas y, sobre todo, aprendiendo que el espionaje sigue siendo un arte imperfecto, pero indispensable para la seguridad nacional.
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