Kirguistán se consolida como la vía clave del comercio ruso en plena guerra de Ucrania
Kirguistán se ha convertido en el corredor principal de bienes que alimentan al mercado ruso en medio del conflicto ucraniano.

Kirguistán, la república montañosa de Asia Central con 6,7 millones de habitantes, registró en los primeros nueve meses de 2024 un crecimiento del 10% interanual, alcanzando los 13.700 millones de dólares. El impulso vino de la construcción, la industria y el comercio mayorista, según el comité estatal de estadísticas citado por Reuters.
El corredor que reconfiguró el comercio tras la invasión rusa
Detrás de esos números se esconde una movida que economistas y organismos occidentales describen sin rodeos: el país se transformó en el principal corredor de reexportación de bienes que, tras la invasión rusa a Ucrania en 2022, dejaron de llegar directamente a Moscú. Camiones cargados de electrónica, maquinaria y componentes de doble uso cruzan el territorio kirguís desde China y, en menor medida, desde Europa, para seguir su ruta hacia Rusia.
Finanzas kirguíses, sanciones y el juego de los dólares
Azamat Akeneev, economista jefe del Instituto Nacional de Estudios Estratégicos de Kirguistán, explicó a Reuters que, al estar integrado en la Unión Económica Euroasiática liderada por el Kremlin, el país se convirtió en una especie de plaza extraterritorial donde empresas rusas usan el sistema financiero kirguís para sortear las sanciones. En enero de 2025 el Departamento del Tesoro de EE. UU. sancionó a Keremet Bank por supuestas transferencias con funcionarios rusos y con el banco de defensa Promsvyazbank. Un mes después, el Reino Unido apuntó contra Capital Bank of Central Asia y dos plataformas cripto que operaban un token respaldado en rublos, el cual movió unos 9.300 millones de dólares en cuatro meses.
El auge de las importaciones y el oro como refugio
Las cifras del comercio con la Unión Europea ilustran la magnitud del giro. Las importaciones kirguisas desde la UE saltaron de 250 millones de dólares en 2021 a cerca de 1.300 millones en 2022, y rondan los 3.000 millones en 2024, según datos de Eurostat. Las exportaciones siguen escasas, apenas superando los 100 millones. El oro, único producto de exportación relevante, dio una mano: su precio casi se duplicó en el primer año de la segunda presidencia de Donald Trump y volvió a escalar en 2024, mientras la incertidumbre geopolítica mantenía la demanda alta. A esto se suman las remesas de cientos de miles de migrantes kirguises que trabajan en Rusia, cuyos salarios subieron por la escasez de mano de obra provocada por la movilización militar rusa.
Respuesta del gobierno y riesgos futuros
El presidente Sadyr Japarov desestimó las acusaciones, calificando las sanciones de “politizadas” y recordando que, pese a la presión británica, el Reino Unido sigue comprando alrededor de 1.000 millones de dólares en oro kirguís al año. La UE, por su parte, mantuvo un comercio con Rusia de 141.000 millones de dólares en 2024, cifra que Japarov citó para subrayar la multivectorialidad de su política exterior. En abril las autoridades ordenaron el cese de actividad de medio centenar de empresas por riesgo de sanciones y varios bancos locales suspendieron transacciones con entidades rusas ya sancionadas. Analistas de Eurasianet advierten que el sector bancario muestra signos de saturación: comisiones duplicadas y transferencias cada vez más lentas.
¿Qué depende del futuro?
El boom kirguís se sostiene sobre factores que escapan a su control. Un acuerdo de paz en Ucrania, un endurecimiento de la fiscalización occidental o una decisión de los exportadores chinos de buscar rutas alternativas podrían frenar en corto plazo el crecimiento que hoy se alimenta del conflicto. Mientras tanto, la economía del país sigue girando en torno a la reexportación, el oro y las remesas, manteniendo una guita que, aunque provenga de una guerra ajena, está impulsando una de las etapas más prósperas de su historia reciente.
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