Salud

Cuando la limerencia se disfraza de amor: la adicción emocional que atrapa al cerebro

La limerencia es una obsesión cerebral que se confunde con amor y puede convertirse en una adicción emocional.

Cuando la limerencia se disfraza de amor: la adicción emocional que atrapa al cerebro

Ilustración que muestra la limerencia como una obsesión confundida con amor

La limerencia, esa sensación de estar colgado de otra persona, se define como una obsesión que el cerebro confunde con amor. El término lo acuñó la psicóloga Dorothy Tennov en los setenta y, desde entonces, ha servido para diferenciar el flechazo químico de una verdadera relación.

Qué es la limerencia y cómo actúa el cerebro

En los primeros compases del enamoramiento la dopamina se dispara cada vez que vemos o imaginamos al objeto de deseo. La diferencia con el amor “normal” está en la intensidad: la limerencia genera una urgencia compulsiva de buscar señales, revisar el móvil a cada minuto y revivir mentalmente cada interacción.

Señales que aparecen en la vida cotidiana

Quien está en una limerencia no puede escapar de los pensamientos recurrentes; idealiza a la otra persona y siente que el rechazo es una amenaza vital. Entre los comportamientos más habituales están el chequeo constante de redes sociales, la búsqueda de fotos en Google y la invención de excusas para coincidir, a veces cruzando la línea hacia el acoso. El cuerpo también reacciona: palpitaciones, temblores, sudoración y cambios en el apetito son comunes.

Base biológica y su relación con otras adicciones

Aunque la limerencia no figura en el DSM‑5, estudios preliminares la relacionan con una caída de serotonina, similar al trastorno obsesivo‑compulsivo, y con una sobrecarga de dopamina, la misma que impulsa la dependencia al alcohol o al juego. Cada mensaje, cada “me gusta”, funciona como una microdosis que refuerza el circuito de recompensa, creando un bucle de adicción emocional.

Factores que aumentan el riesgo

Las personas con baja autoestima, con historial de relaciones traumáticas o que pasan horas en redes sociales son más vulnerables. Las plataformas facilitan el acceso inmediato a la información del otro, convirtiendo la curiosidad en una compulsión que se alimenta de cada notificación.

Cómo salir del círculo y recuperar el control

La buena noticia es que la limerencia tiene tratamiento. Trabajar la autoestima, poner límites claros al uso de las redes y, cuando haga falta, acudir a terapia cognitivo‑conductual son pasos recomendados. En consulta se emplea la exposición con prevención de respuesta: abrir una conversación sin revisar el teléfono, o pasar una hora sin buscar el perfil de la persona. Con el tiempo la urgencia disminuye y la obsesión vuelve a ser solo una canción pegajosa, no una condición que limite la vida.

Reconocer que lo que se siente es limerencia y no amor es el primer paso para volver a vivir relaciones más sanas y equilibradas.

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