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Cuando la extrema izquierda e islamismo radical se cruzan en las protestas de París

La unión táctica entre la izquierda radical y el islamismo extremo vuelve a la calle y aviva el debate sobre la democracia.

Cuando la extrema izquierda e islamismo radical se cruzan en las protestas de París

Una marcha masiva recorrió el centro de París el pasado viernes y, entre la muchedumbre, dos jóvenes alzaron la voz con un grito que resonó en cada esquina: «grève, blocage, manifestation!». Ambos vestían de negro, llevaban la cara cubierta y, sin embargo, sus insignias no podían ser más distintas: una llevaba la famosa A dentro de un círculo del Black Bloc, mientras que la otra lucía una balaclava con la Shahada verde.

Un cruce visual que revela una alianza ideológica

Ese contraste no fue una coincidencia. Desde los primeros años del milenio, algunos teóricos de la izquierda radical y de corrientes islamistas comenzaron a hablar de una supuesta “convergencia de luchas”. El filósofo Pierre‑André Taguieff, en su obra La nueva judeofobia, advirtió que ambos extremos podían unirse contra la democracia liberal. La idea surgió en círculos marxistas que buscaban aliados en movimientos islamistas para reforzar su discurso antiimperialista, una estrategia que hoy vuelve a aparecer en la calle.

Antecedentes y ecos latinoamericanos

La propuesta de una colaboración táctica no es nueva. En 1994, Chris Harman, dirigente del Socialist Workers Party británico, ya defendía la idea de aliarse con grupos islamistas, argumentando que ambos compartían la condena al imperialismo occidental. Ese planteamiento encontró eco en la revolución jomeinista de Irán, que fue celebrada por intelectuales franceses como un posible socio contra Occidente. En América Latina, la relación quedó patente en el eje Caracas‑Teherán: el chavismo firmó acuerdos comerciales y militares con Irán, fundados en el rechazo a EE. UU. e Israel y en la crítica al modelo democrático.

Del debate televisivo al asfalto parisino

El caso de Pablo Iglesias, exlíder de Podemos, ilustra cómo la lógica del “pragmatismo” leninista se traslada a los medios. En 2013 apareció en programas de Hispan TV, la cadena iraní en español, y defendió la alianza con Irán como una vía para difundir el discurso de izquierda. Esa misma lógica se repite en campus norteamericanos y en movilizaciones europeas posteriores a la guerra de Gaza, donde activistas LGBT, ecologistas y estudiantes ondean banderas de Hamas bajo consignas como “desde el río hasta el mar”.

Financiamiento y estrategia de desestabilización

Las corrientes islamistas, a través de Irán, Qatar y otras redes, canalizan recursos hacia movimientos de izquierda que comparten el objetivo de debilitar la democracia liberal. La narrativa de la victimización, muy arraigada en barrios con alta presencia musulmana, se vuelve herramienta de reclutamiento para jóvenes que buscan una causa que les dé sentido y, a la vez, genere caos social. La figura del diputado chií Zohran Mamdani, que juró su cargo sobre el Corán, simboliza la fusión práctica entre socialismo radical e islamismo político.

Implicancias para la democracia liberal

Esta convergencia táctica no es un hecho aislado; constituye una estrategia que pretende erosionar los valores judeocristianos y el modelo de libertades consolidado en el siglo XX. Desde la retórica de los gobiernos de Pedro Sánchez y Gustavo Petro hasta los actos simbólicos en universidades, la cooperación entre ambos extremos plantea un reto serio para la defensa de la democracia liberal en el mundo contemporáneo.

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