Radiación y microgravedad: los riesgos que ponen en jaque la ida a Marte
Un estudio con ratas revela cómo la radiación y la ingravidez podrían comprometer la salud de futuros viajeros a Marte.

Un grupo de científicos del Medical College of Wisconsin publicó en PLOS ONE los resultados de un experimento que expuso a ratas macho a radiación cósmica galáctica y a una simulación de ingravidez durante hasta 360 días, equivalente a más de dos décadas de vida humana. Los hallazgos vuelven a encender el debate sobre la factibilidad de enviar una tripulación a Marte con la tecnología disponible.
La radiación cósmica, un enemigo silencioso fuera de la Tierra
Al alejarse del escudo magnético y la atmósfera terrestre, los astronautas quedan expuestos a un flujo constante de partículas subatómicas de alta energía. En el estudio, una dosis simulada de 1,5 gray provocó que el colágeno alrededor de los vasos del corazón de las ratas se duplicara, generando una fibrosis perivascular que endurece el tejido y dificulta la circulación sanguínea. Ese tipo de daño, si se reprodujera en humanos, podría traducirse en problemas cardiovasculares crónicos.
Microgravedad y la respuesta inmunitaria
La ausencia de gravedad, reproducida mediante la descarga de las extremidades traseras (HLU), no causó fibrosis por sí sola, pero sí alteró la defensa del organismo. Las ratas en ingravidez mostraron un aumento temporal de linfocitos que desapareció al combinarse con la radiación, y la producción de 20 de las 27 citocinas analizadas se desplomó. Además, disminuyeron las células NK en el bazo, señal de un sistema inmunitario debilitado que, en una misión real, podría dejar a la tripulación vulnerable a infecciones.
Mutaciones genéticas que pueden persistir
El análisis genómico detectó siete variantes exclusivas en los animales irradiados, vinculadas al fenómeno conocido como CHIP (hematopoyesis clonal de potencial indeterminado). En humanos, la presencia de CHIP duplica el riesgo de enfermedad coronaria y eleva la probabilidad de cáncer. Si esas mutaciones se mantuvieran en los astronautas, podrían desencadenar patologías décadas después de volver a la Tierra.
Lo que dice la experiencia real: Sophie Adenot
Pocos días antes de que saliera el estudio, la astronauta francesa Sophie Adenot, tras 237 días en la Estación Espacial Internacional, declaró en una rueda de prensa de la ESA que “no estamos listos para ir a Marte”. Su testimonio, que incluyó mareos y desorientación al regresar, encaja con los datos experimentales: la combinación de radiación y microgravedad afecta tanto al cuerpo como al cerebro.
Implicancias para las próximas misiones tripuladas
Los autores advierten que los efectos observados podrían manifestarse como enfermedades crónicas: problemas cardiovasculares, cáncer, deterioro visual y trastornos neurodegenerativos. Señalan que la exposición en el experimento se administró en una sola dosis, a diferencia de la exposición continua que viviría una tripulación real. Por eso proponen ampliar los estudios a animales más grandes, incluir hembras y replicar una radiación prolongada para afinar las normas de protección radiológica de la NASA.
Mientras tanto, la comunidad científica y las agencias espaciales coinciden en que son necesarias rupturas tecnológicas, como la generación de gravedad artificial o sistemas de propulsión más rápidos, antes de lanzar una misión que atraviese el vacío del espacio profundo. Hasta entonces, la ciencia sigue advirtiendo que los riesgos para la salud de los astronautas están lejos de estar controlados.
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